La cámara como un ave de rapiña

CARANCHO
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La última de Pablo Trapero se sumerge en los suburbios bajo una mirada arriesgada y precisa. Su impacto, por medio del aprovechamiento de los recursos cinematográficos, terminan creando una obra superadora: superior a El secreto de su ojos.

Carancho. Un ave rapaz, un acechador. Se prepara al ataque de una presa indefensa. Herida, casi muerta. Ensangrentada. Desplomada contra el suelo. Igual que Pablo Trapero: cuando tiene una cámara, acecha a la realidad. Trapero. Uno de los referentes del cine poscontemporáneo en nuestro país y porque no de Latinoamérica. Es el nuevo Favio. El que supera a Campanella. Porque Trapero es un director que acecha como nadie a todo aquello que no vemos e ignoramos sin caer en el morbo amarillista, todo es comprimido en un encuadre que deslumbra y moviliza nuestros ojos. Su cine es así. Carancho es así. Un acecho animal que impresiona.

Ricardo Darín, una figura que a lo mejor se contradice con el cine traperiano, se sumerge en la carne y hueso de un tal Sosa, un oportunista que integra una pequeña organización autodenominada “La Asociación” que intenta extraer importantes fortunas a las aseguradoras de víctimas por accidentes de tránsito. El modus operandi de Sosa consiste en localizar cualquier accidente vial. Debido a sus contactos, aparece en el momento justo, aunque en algunos casos logra “recrear” una situación.

Todos sabemos que las muertes en las calles no es un tema tabú en nuestro país. Los números lo indican y se muestran en la televisión. Lo que no sabemos es el lado oscuro que se esconden en ellos y que se procrean a posteriori. Cuando hay números altos, los negocios aparecen por arte de magia. Como Sosa.

No recuerdo un personaje de Darín que, a simple vista, pueda provocar cierta repugnancia por parte del espectador. Sin embargo, esto no ocurre. En Nueve Reinas, su estafador nos podía caer simpático. En Carancho tampoco se da esta situación. Por eso Trapero le entregó el guión en sus manos. Los verdaderos villanos de las historias de Trapero son los que permanecen fuera del cuadro. Gente que Trapero no tiene interés en ver cómo son sus vidas, sino en cómo actúan. Él no cree que el cine pueda cambiar la realidad. Pero al menos reconoce que existe un mundo kafkiano que no captamos empíricamente. Y ese mundo existe porque somos así, es parte de nuestra naturaleza. Al igual que el sexo, la corrupción es un acto innato y oscuro. Pero su invisibilidad es debido al darwinismo capitalista: los que tienen más capital son los que más sobrevivien.

Sosa hace lo que hace porque no tiene otra. Él no ve a sus víctimas sin compasión. Para él, ellos tienen nombres y apellidos. El dolor que tiene en esta clase de vida es tan vicerál como la sangre que salpica en cada momento de la película. Su vida cambiará en paralelo cuando emergerá su atracción por la Dra. Lujan, y aquí se resalta Martina Gusmán que ya nos asombró en Leonera y ahora nos atrapa bajo la encarnación en su joven médica que recorre las avenidas de la ciudad en una ambulancia y atiende a los necesitados, ya sea en la calle o en un hospital público con recursos y disponibilidades tan bajos como los que había en la cárcel que habitaba en su película antecesora.

Darín y Gusmán forman una pareja imbatible bajo el mando del verdadero protagonista de esta historia. Un Pablo Trapero que sigue siendo lo que es. Un narrador preciso, detallado y fuerte. Cada encuadre suyo, incluyendo los más intimistas, crea un enorme golpe visual como lo que provocarían dos coches fuera de control. Sus planos secuencias son un sello propio bajo una proclamación hacia un acercamiento de un mundo en el que pocos ven, porque nos sentimos alienados a ello. De ahí la exhuberancia del desenlace de la historia.

Carancho es un filme que impresiona, por el simple hecho que lo que está ahí permanece en realidad bajo un rincón lejano. Pero está ahí. A pesar de estar condimentada de toda clase de géneros, igual que El secreto de sus ojos, la sexta película de Trapero es una obra artística superior al de Campanella por ser más humana que estilísta.

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