La fiaca borgeana

EL ORIGEN

 

En una entrevista de The New York Times, Christopher Nolan señaló que existía la posibilidad de que Borges lo haya inspirado para escribir El Origen (Inception) y que quizás el emblemático escritor argentino le hubiese gustado ver esta película. No sabría decir si eso hubiese sido posible. Lo que si es cierto es que El Origen viene del linaje “matrix”, en donde una narración acelerada repleta de diálogos espesos y efectos especiales saturados, de algún modo conforman un mundo diegético que va más allá de la imaginación de uno. Porque todo es construido por el imaginario arquitectónico de una mente ajena a la nuestra (como todas las demás mentes): la de Christopher Nolan.

Cobb (Leonardo DiCaprio) es el líder de una de las bandas de estafadores más singulares que puede existir en nuestra dimensión. Basicamente, trabajan en el tráfico de la información corporativa. Pero sólo como base; como altura, se llega a un nivel de proporciones inimaginables a nuestro mundo: sustraer datos a través del ingreso del subconsciente de la víctima. Más precisamente en los sueños. Así, Cobb y sus secuaces se interceptan allí para luego llegar a una caja fuerte (imaginaria) que contiene la información requerida para su cliente. No sólo eso: también pueden crear otro sueño dentro de ese mismo sueño. Es así que este grupete pueden crear una especie de autogeneración onírica, en donde cada sueño se regula con sus propias medidas de tiempo, y que cada una depende de la estabilidad de su antecesora. Esto puede ocasionar consecuencias que quedan representadas por paradojas y continuidades infinitas como una cinta de Moebius.

He aquí la ya repetida cuestión de preguntarse cómo saber la diferencia entre lo real y lo imaginario, en este caso encarnado por el atrezzo de la perinola. Pero es una cuestión que se hizo presente, de manera más creativa, en la obra de Richard Linclater Despertando a la vida (Walking Life, 2001) y en la tibia Abre los ojos (1997) de Alejandro Amenábar. En el trabajo de Nolan se habla de un organigrama más preciso, quizás demasiado, con un estructuralismo tan detallado que ya todo esta dicho, sin proponer cuestiones alguna para el espectador.

Pero claro, la perfección es algo que ni siquiera se puede imaginar. Dobb tiene un pasado turbio, que lo ha llevado a convertirse en un prófugo de la Justica norteamericana y obligado a permanecer lejos de sus hijos. La verdad de ese  pasado queda encarcelada en su propia mente. Se está hablando, más precisamente, con un acontecimiento que provocó la muerte de su esposa. Eso de algún modo interfiere en su trabajo, ya que esto genera “sombras” de su subconsciente que pueden complicar no sólo su profesión sino también su propia existencia.

Esto último ya tiene sus semejanzas con Memento (2000): el intento de alguien por negarse a las circunstancias ocurridas e impulsandose asi mismo a una especie de autoflagelo irracional. El intento por salir de esa insoportable realidad, metiendo al existencialismo como justificante. En El Origen, una sálida es el resguardo de un mundo en donde el único Dios es él uno mismo.

Ese juego a ser Dios, y que parecería ser que el propio Nolan lo intenta, es lo que nos permite crear cualquier tipo de imagen que nos impacte, ya sea doblar por dentro las calles de una ciudad hasta cerrarse, caminar por las paredes, provocar explosiones a todo lo que hay alrededor, etc. Todo eso, junto con los tiroteos, los combates cuerpo a cuerpo anti-gravedad y la ralentización de la dimensión temporal (cualquier similitud con las pelis de los Wachowski…) ofrecen un desarrollo visual, con sonidos que casi perforarían nuestros tímpanos, como si pudieran comprobar que la maquinaria FX de Hollywood pudiese cumplir todos nuestros sueños. O más bien, todo lo que quisimos imaginar.

Otro punto a tener en cuenta, y que ya se hace notar en el trailer, es el aprovechamiento del espacio para la interracción entre los personajes, elemento que Nolan ya lo había hecho en Batman: El Caballero de la Noche (The Dark Knight, 2008) y no tanto en Batman Inicia (Batman Begins, 2005) y en Memento (en este último, los personajes están muy apretados en los encuadres).

Más que una expresión artística, El Origen es un crucigrama, tratando de tener como matriz una historia de melosidad agridulce, como puede ser la relación de su protagonista con su esposa. Un nuevo intento por parte de Nolan de tratar de explicar los turbias fluctuaciones que ocurren en la mente humana, pero que por desgracia termina con una moraleja ya reciclada en más de una ocasión por algún servicio de autoayuda. De todos modos, demuestra una vez más el ingenio y la creatividad de su creador.

Alguien dijo una vez que el cine es más grande que la vida; Nolan parece que sueña por demostrarlo.

Puntuación: 7

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