Mi pobre angelito

RICKY

A Hitchcock se le atribuye un pensamiento acerca del cine como un medio para implantar una moraleja: que para enviar un mensaje, ya tenemos al correo. Ricky, dirigida y escrita por François Ozon, es una película que es devorada por su propia metáfora antes de ser cine. Una historia que juega con los géneros, concluyendo en forma frustrada, ya que al final todo gira alrededor de cierta moraleja que la primera impresión podría resultar trillada y, finalmente, moralista.

En líneas generales, se puede dividir la película en dos partes. La primera está más guiado a lo costumbrista: Katie (Alexandra Lemy) y Lisa (Mélusine Mayance) son madre soltera e hija menor respectivamente. Aunque parecería ser que la segunda es más responsable que la primera: si Katie no tiene ganas de levantarse por la mañana, es Lisa quien debe hacer el desayuno.

Esta pequeña familia tendrá un giro importante cuando Katie conoce a Paco (Sergi López), quien será su nueva pareja. Esto iniciará cierto recelo por parte de Lisa. Desde entonces aparecerán elipsis de tiempo que pasan desadvertidas. La pareja dará a luz a un nuevo bebé cuyo nombre es el título de la película.

La segunda parte del filme se orienta a un costado por el realismo mágico. Empezará cuando se descubra en Ricky, tanto por parte de los personajes como del espectador, algo sobrenatural. Un poder anormal que quizás no sería lo correspondiente en revelarlo a partir de esta crítica. El motivo es que la etapa costumbrista ya mencionada se toma bastante su tiempo, como si se tomase en cuenta que el espectador no tiene idea de lo que le prepara la pantalla.

Lo que sí se puede adelantar es que se trata de un poder que puede volver loco a los vecinos, a los medios de comunicación y a todo el pueblo. Pero sobre todo a la pobre familia que tiene que llevar la carga.

Y ese poder muestra el costado connotativo del filme, el propósito de la misma. Y ese mismo es lo que nos hace dudar de la imaginación del director. Un bebé haciendo sus malabares en un supermercado puede resultar como un momento de alegre exposición visual. Pero con un rédito tan dudoso como unas cuantas tomas realizadas con el fin de imponer un chascarrillo.

Un cine con gusto a poco, que a lo mejor intenta ver el costado más esperanzador en los lazos familiares cuando estos parecen quebrantarse. Pero al final y al cabo, una obra que termina por las nubes. Al igual que el espectador.

× Acto fallido

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