Encuentros cercanos del primer tipo (I)

La semana pasada participé en la jornada número ocho del Encuentro Nacional de Estudiantes de Comunicación (ENEC). Participaron estudiantes de Córdoba, Río Cuarto, Buenos Aires, La Plata, Paraná, y también chicos y chicas de Uruguay. Se realizó en La Plata (y no, no tuve tiempo de ir al Museo de La Plata). En realidad, quiero comentarles un momento que tuve en esa semana, que va más allá de las charlas y paneles que he presenciado.

Mientras la gran mayoría de los que asistimos, éramos como 600 chicos, se fueron de joda el viernes por la noche, a bailar a un galpón cerrado (seguramente algo parecido a un conteiner), una decena de nosotros se quedó en el hospedaje, en realidad un club. Allí tuve una charla con compañeras del país vecino oriental.

Es curioso. Casi todo el mundo (argentinos) se trajeron una bolsa de dormir. Las dos chicas uruguayas, una morocha y otra rubia, se mandaron una cama inflable que se hinchaba con un aparatejo inflador que funcionaba con electricidad. Yo les decía que el ruido del motor se parecía al de una sierra eléctrica.

Estábamos un par de Córdoba, otro de Río Cuarto. Pero el centro de atención eran las queridas extranjeras. Nosotros simplemente queríamos conocer un poco sobre ese país que tan lejano no está. Empezamos a conocerlo, según la mirada de aquellas chicas.

Hablábamos de todo. Creo que lo más sobresaliente era la televisión uruguaya. ¡Bah! En realidad, la televisión uruguaya es más argentina que la propia televisión argentina. Las chicas comentaron la enorme saturación que invade la argentinización en su caja boba. Tienen todos los programas de Tinelli: Bailando, Este es el show, Cocina del Bailando, etc. Incluso comentaron sobre algunos participantes del programa. Yo en realidad mucho no sabía del tema, pero lo llamativo es que hicieron un diálogo que yo ya había tenido, o más bien escuchado, con un par de amigos: que la Marengo (creo que era Marengo) se hace la idiota pero no lo es, pero que Karina Olga no se hace, es.

Odian a Ricardo Fort. Y aman a Capusotto. Es más, en Uruguay se juntaban firmas para que Capusotto se trasmitiera por la televisión uruguaya. Ven todo el tiempo los programas de Guillermo Francella, les gusta Florencia Peña como actriz cómica y creen que Natalia Oreiro las ha traicionado.

Les comenté a las chicas que la única película uruguaya que yo había visto, por lo menos que yo tenga memoria, fue El baño del Papa. De ahí mi pregunta si existía el cine uruguayo. Ellas respondieron que sí. Que la película que las representa es Whisky, filme que he escuchado hablar pero que no he tenido aún la posibilidad de conocer. Y que la película que yo les mencioné la consideran costumbrista con un final que no les ha agradado.

Cuando hablábamos de las carreras de comunicación, yo les pregunté si conocían a Jorge Lanata. Respondieron que sí. Cuando hablamos de Uruguay en sí, les pregunté si conocían a Roberto Pettinato. Respondieron que sí. Lo de Pettinato fue por el chiste que dijo el ex-Sumo al proponer la invasión a Uruguay de parte de Argentina, ya que se trataba de un país tan chico que nadie se iba a enterar.  Las chicas no le reprocharon a Petti. Reconocen que su país es chico. Geomorfológicamente hablando, claro está. Ellas comentaron que su tierra se divide en departamentos, luego en ciudad, pueblos… y nada más. Es como una provincia de Argentina, dijeron.

También afirmaron que sus pueblerinos son muy conservadores, aún teniendo a una figura tan popular como Mujica.

Mientras charlábamos degustamos una bebida que se trajeron, un licor en base de miel. No recuerdo su nombre. Por fuera parece miel y obviamente tenía ese sabor.  También nos mostraron sus billetes y empezamos a discutir sobre la relación monetaria entre el peso argentino y el uruguayo. Allí, nos dimos cuenta que el viaje no les resulto tan barata como a nosotros. En mi caso, Córdoba, todo el viaje más todas las comidas nos costaron 220 pesos. Ellas tuvieron que realizar distintos actos en su país para juntar lo necesario.

Además hablábamos de los acentos, como los escasísimos lugares que aún usan el en la región rioplatense. Y de algún modo eso nos llevó a ver las enormes similitudes y pocas diferencias que hay entre los países. Aún cuando siempre puede haber rivalidades, como Uruguay y Chile, o Argentina y Chile (les hice mención al chiste de que no hay nada más peligroso que un chileno haciendo mapas).

Finalmente, nos fuimos a dormir. Muy piolas las chicas. Es increíble como saben tanto de nosotros. Y yo sé tan poco de ellos. Es posible que el encuentro del próximo año se haga en Uruguay y seguramente tendré ganas de viajar. Pero no para ver a Bailando por un sueño.

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