Pablo Sirvén: “La televisión esta condenada a ser criticada”

El secretario de Redacción del diario La Nación, Pablo Sirvén, estuve presente en Córdoba a comienzos de septiembre. Como parte del Congreso “200 años: medios, comunicación y cultura”, organizado por la Escuela de Ciencias de la Información, expuso su posición en la charla titulada “Televisión y Nuevas Tecnologías”. En ese entones, enumeró sus puntos de referencia en relación a la realidad televisiva de hoy, empezando por un análisis de la historia argentina sobre la misma, desde el ángulo de la dicotomía privado-público. Finalmente enumeró las múltiples críticas presentes a la tele de hoy: presencia de programas hegemónicos (Showmatch y sus referenciales: Este es el show, Sábado show, La previa, etc.), el escaseo del humor, la moda de los programas de archivos, etc.

Sirvén aparenta ser, lo que sería, un tipo piola. Este crítico de la TV, con cierta simpatía al uso del Twitter, está lejos de ser esa imagen que uno tiene de un típico periodista rancio y oxidado, laburante de La Nación. Amablemente aceptó que se le hiciera la siguiente entrevista que se trascribe a continuación (no he podido, hasta ahora, subir el video completo, por el momento les dejo además un comprimido encajado en un pequeño informe de un noticiario ficticio).

Cámara y sonido: Erika Romero y Sergio Ávalos

Guión: Ana Eugenia Journade y Carla Cabrera Flores

La historia de la televisión argentina [a partir del peronismo], básicamente se sintetiza con un enfrentamiento entre canales privados y el monopolio estatal, ¿puede haber un equilibrio entre estos dos o es una utopía?

– Sí, yo creo que debería haber una complementación, porque tienen intereses distintos, es decir, lo privado siempre busca la masividad, lo impacto. Y lo público debería perseguir aquellas cosas que los privados no tienen en su menú, que son muchas cosas, que tienen que ver con la formación de la ciudadanía, con el tema de la salud pública, con la historia, con la política. Es decir, hay muchísimos temas que los canales privados no van a tomar por una cuestión comercial, por desinterés. Por intereses corporativos también, ¿no? Yo creo que en realidad no hubo una pica entre canales públicos y estatales. Creo que los canales privados directamente, les pasaron por encima, toda la vida. Y el canal estatal, bueno, vivía un poco de soledad, de desconocimiento, con falta de recursos. También porque le dieron la espalda los poderes de cada momento, ¿no? O sea, ahora está el canal público como tratando de tener mayor protagonismo. Tiene que tener mayor protagonismo y tratarse, también, de despegarse del interés específico del poder de turno, ¿no? Que me parece que ese es el talón de Aquiles, la parte floja que tiene en este momento el canal público.

El tema de la Ley de Medios: más allá si es buena o mala, ¿no es un punto favorable que se esté debatiendo sobre la realidad de los medios, ya sea dentro de los medios de comunicación como afuera, en la casa de la gente?

– A mi me parece que hablar y debatir el tema de los medios siempre es valioso en la medida que sea un debate sincero, que sea un debate entre profesionales, entre estudiantes, entre gente que tenga que ver y que quiera a los medios, que quiera el periodismo. Lo que a mí me preocupa es que, a veces, con esa excusa en realidad viene como, por debajo, un meta-mensaje que es: hablemos mal del periodismo, hablemos mal de las empresas periodísticas, no sirve nada que sea privado, hay una conspiración de periodistas contra el poder, la noticia es lo peor que hay. Todo ese tipo de discurso que envenena, que intoxica un poco el ambiente, no me gusta. Sí me parece útil que se hable de los medios, que se hable cuando hay erratas o errores, bueno, que se salve o que alguien lo tenga que decir, ese tipo de ir y venir dinámico más fluido me parece que es valioso.

¿Podríamos decir que este supuesto momento de politización en los medios es, en realidad, un tumulto de desinformación?

– A ver, si es un tumulto de desinformación en el ir y venir de los medios y el Gobierno… Y, hay bastante de eso, porque como se tensionaron las posturas y hay como una lucha de porciones de poder para ver quién se queda con la parte de la torta, evidentemente se pierde lo mejor, lo más rico del debate, porque en realidad cada cual se vuelve fuerte en su postura y en defensa de su interés. Entonces, se sesga un poco también el debate, porque no sabemos si estamos hablando exactamente lo que queremos hablar o estamos defendiendo posturas. Y en ese afán, hay como una dramatización, un énfasis a veces sobre-exagerado en las dos partes. Y entonces ahí se empobrece el mensaje.

Y gana el que tiene más fuerza. Lo cual a veces es injusto, tanto gane el Gobierno o una corporación privada. En realidad habría que baja un poquito los ánimos encrespados y sincerarse un poco más, ver qué se hizo mal, cómo se corrige, no tratar de corregir todo en un minuto lo que hiciste hace más de cuarenta años, porque capaz que lo arreglas en un minuto pero después viene otro que en un minuto te vuelve a desarreglar.

Yo, particularmente, yo soy fan de lo reformista, no de la revolución. Respeto a los revolucionarios, pero entiendo que en general ocasionan u odios o resentimientos que, a la vuelta del tiempo, viene uno y dice: “Desarmemos todo”. Yo creo más en las mejoras paulatinas, ¿viste? En las correcciones paulatinas. Y me parece que a este país le faltó, dejó crecer de pronto, determinados multimedios, increíblemente. Incluso este mismo proyecto político, como es el kirchnerismo, en el 2003-2007 en el gobierno de Néstor Kirchner, le dio de comer a determinados grupos, y después a la vuelta de los años, se enojaron, no se explicaron bien porque se enojaron. Y estamos un poco como convidados de piedra.

Yo creo que – ¡yo!, ¿no?-, quisiera que hubiera cambios reales y sinceros, y que no tenga nada que ver con tironeos de intereses corporativos privados por un lado, y por el otro lado de intereses políticos de los que están en el Gobierno.

La noción de creatividad, ¿no permitiría modular los llamados programas hegemónicos y permitir el resurgir del humor?

– A ver, la noción de creatividad es complicada, porque siempre tiene que surgir de un banco de ensayo donde hay que crear un lenguaje. Las masas –cuando somos masas, en algún momento masas- no somos inclinados a comprar los nuevos lenguajes. Es decir, como masas somos conservadores y tratamos de gastar lo menos posible nuestra energía, lo menos posible de nuestras neuronas. Con lo cual los formatos más fáciles de creatividad menos sutil son los que, rápidamente, tienen mayor posibilidad de progreso. Pero creo que la creatividad, de todos modos, no se tiene que ponerse en una igualdad de condiciones con Tinelli, por ejemplo. Me parece que son distintos continentes, que pueden convivir. Y que siempre sabe que el creativo tiene un camino mucho más largo, el camino de la creación y la comprensión de ese nuevo lenguaje es mucho más largo y hay que hacerlo.

Por el otro lado, bueno, después hay que regular. Después si hay alguien que se desarrolla hegemónicamente habrá que ponerle un límite, que tiene que ver con la distribución de porcentajes de programación. Sino no se puede regular solo los concesionarios, los que tienen la licencia, bueno, ahí sí que el Estado, el COMFER, la Autoridad de Aplicación, o como se llame, tiene sentido que haga algo. Y me parece que en ese sentido no se hace nada.

Para terminar: la televisión argentina ¿está condenada a ser criticada?

– Sí, la televisión argentina, al igual que la televisión de todas partes del mundo, está condenada a ser criticada, por más buena que sea, porque es el medio que tenés más a mano, ¿no? En general, cuando uno tiene que pagar para ver un espectáculo, se fija mucho en lo que elije. Y en general vas a ver exactamente lo que sos fan, entonces, muy pocas veces te desilusiona. En cambio, a la televisión vos la prendes casi como un acto reflejo. Entonces ves una cantidad de cosas que no verías si tuvieras que pagarlo. Con lo cual, todos tenemos la noción de que la televisión es mucho peor de lo que es, porque no lo haríamos si tuviésemos que aplicarlo al mismo régimen que utilizamos para ver una película, una obra de teatro, un recital de música.

Entonces en todas partes del mundo hay mucha crítica a la televisión, porque además como es gratis, estas expuesto durante todo el día, y ya le ves el zurcido, le ves todo ¿viste? Es como los parientes: que uno los ama, pero por otro lado decís que no los bancas más, o sea, tenés como sensaciones duales. La televisión es un pariente más. Es un tío querible e insoportable al mismo tiempo.

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