Chocolatines y Policías en acción

En vista de una observación reduccionista, podemos decir que hay dos clases de policías: los “malos” y los “buenos”. Repito: reduccionista. Lo que pretendo aquí es crear un esquemita para luego apuntalar mi visión.

Los malos son aquellos que hacen cosas malas para beneficiarse así mismos. Ya sea porque les otorga una sensación de placer o quizás para poder zafarse de ciertas ataduras, como implantar falsas evidencias para que no lo incriminen por un gatillo fácil. En contraposición, los buenos son aquellos que le devuelven una bolsa repleta de dinero a algún descuidado, y como recompensa el civil le regala al oficial… tres chocolatines. ¡Sólo tres chocolatines! ¿Se acuerdan de esa noticia? “Sólo cumplía con mi deber”, dice el honesto protector de la ciudadanía. ¡Y bueno, hermano! Jodete por no pasarte al otro bando.

El policía bueno y el policía malo hacen lo que hacen bajo sus propias intenciones. Por la decisión que toma cada uno. Uno reconocerá lo que estará bien de lo que estará mal; otros no sabrán la diferencia. Ahora bien, si en medio de una muchedumbre, algún civil se manda una cagada, como puede ser el de arrojar una piedra, entonces todos los policías van a ser algo malo. Tanto los buenos como los malos, todos van a ser algo malo. Eso se evidencia en la represión ocurrida frente a la Legislatura cordobesa.

En situaciones como esta, tanto los buenos como los malos policías siempre, pero siempre, van a hacer cosas malas, aún cuando tengan convicciones distintas. El malo reprimirá a su gusto. El novato, por ser su primera vez y dejándose llevar por la corriente. El otro policía se dejará agarrar por el caldero de la adrenalina y no podrá tener una perspectiva clara de lo que debe hacer. Y así tendríamos una lista de etcéteras. ¿Pero por qué pasa eso?

La respuesta tiene que ver, casualmente, con la educación (casualmente eso se debatía en la Unicameral y eso fue el motor de la protesta). La formación policíaca se rige en base a un solo accionar concreto: el acatamiento.

Obedecer las órdenes es la prioridad, acatar a los superiores es la esencia. La verticalidad al servicio de la comunidad. ¿Hay un espacio en la visión de juicio subjetivo para un cabo? ¿Es respetable lo que él piensa, aún cuando se contradiga con el ordenamiento de un comisario?

Yo he estado yendo varías veces al frente de la Legislatura, para colaborar con la Asamblea de la Interestudiantil en su lucha por repudiar a la reforma educativa, que se venia debatiendo dentro del establecimiento. La misma, siempre se encontraba vallada y custodiada por oficiales de la Policía de Córdoba. Hasta la fecha, hubo tres uniformados que, de manera respetuosa y simpática, me preguntaron de qué se trataba todo esto. Uno me lo preguntó un par de semanas atrás, otros dos me lo pidieron a la mañana del mismo día de la represión. A los tres les tuve que dar un pantallazo sobre el proyecto de ley, por lo menos desde mi visión y de la Asamblea. En general, coincidían con lo que yo les planteaba. Es decir, los hombres, y mujeres, que custodiaban las entradas de la Unicameral, no tenían ni la más pálida idea de lo que estaba pasando delante y detrás de las vallas, y encima estaban de acuerdo con los jovenes.

El accionar de la policía es una deuda pendiente que han tenido siempre los líderes democráticos de Córdoba. En estos casi doce años de peronismo, han mostrado una enorme incompetencia a la hora de profundizar el tema. ¡Bah! ¡Ni hablemos de los radicales! Directamente, dejaron entrar a varios represores en las comisarías. No uno o dos. ¡A varios! ¡A varios delincuentes de lesa humanidad les dieron de comer para cuidarnos!

Pero en el caso de Unión por Córdoba es ya de por sí patética. Tenemos la famosa CAP (Comando de Acción Preventiva) que hizo agudizar aún más tanto su ineficacia como la corrupción policíaca. Y es de remarcar, quizás lo que más ha llamado la atención, el tema de las detenciones por portación de rostro. Tema que se hizo eco en una investigación realizada por la revista La Luciérnaga, hace un lustro atrás.

Cuando se detiene a un pibe, para llevarlo a la comisaría, se toman sus datos. Esos datos se convierten en un número. Número 1. Ese 1, se acumula con otros números 1 a largo plazo. Hasta que finalmente, se obtiene un dato estadístico, que son la cantidad de detenciones que ha hecho la policía, y con ello el Gobierno lo utiliza como bandera sobre los logros de la Seguridad. Esta maniobra corrupta llega hasta incluso a la Policía Caminera ¡A la Policía Caminera! ¡A la Policía Caminera, cuyos superiores los obliga a detener una cierta cantidad de vehículos para infraccionarlos y así obtener mayor recaudación! ¡Los chamuyos que deben mandarse los muchachos para aplicar las infracciones!

Pero volviendo con la CAP. Todo esto se legitima con el Código de Faltas, reformada en el año 2008 y que sigue siendo la misma mierda, garantizando la detención a cualquiera que cometiese un “merodeo”. Como he dicho arriba, no tener en cuenta la moral de un oficial en los planes de estudio es un elemento bizarro a la hora de otorgar formación a los futuros policías. Sin embargo, todo se sigue siempre bajo el orden de acatamiento. Al obligarlos a detener un cierto número de jóvenes, para conseguir tal resultado estadístico, la discriminación se utiliza como  base para la selección de personas futuras a ser terminadas en el calabozo.

Los medios nacionales reflejaron las imágenes de la represión en Córdoba. Santo Biasati y María Laura Santillán describían esos registros fílmicos en su programa. Los dos mostraron su estremecimiento. Si Santo y María Laura se estremecen, todo el país se estremece. Pero, ¿cuánto va a durar ese estremecimiento? ¿Una semana? ¿Un día? Yo diría que como máximo tres días. Después, todo el país olvidará que hubo represión. Incluso este blog lo olvidaría. Nadie discutirá del tema. Nadie hablará del Código de Faltas. Y los policías seguirán recibiendo chocolatines.

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