Doble presentación en el Espacio INCAA Km 700 en Ciudad de las Artes

SANTIAGO
Umberto Eco ya había advertido sobre el nivel de ficcionalización en los noticiarios de la televisión. Joao Moreira Salles (hermano de Walter, director de Diario de motocicletas) pone en práctica y en demostración esa asignatura para construir un meta-discurso, pero no para un fin ensayista, sino como una busqueda de autodescubrimiento. La puesta en duda sobre la credibilidad, a la hora de construir un documental, sirve de pasta base para buscar, y revelar, una re-profundización sobre la nostalgia y los afectos humanos. Y ese es el labor de un artista.

Santiago Badariotti Merlo fue el mayordomo que cuidaba a los niñitos Walles hace mucho tiempo. Ya en la época de los noventa, Joao lo filma dentro de su propio dormitorio para contar sus vaivenes, sus entradas al teatro Colón de Buenos Aires, su hobby de escribir acerca de todo un listado de personajes, etc.

Joao junta todo un material fílmico en bruto, que terminó en la nada, y que resurge de las cenizas luego del fallecimiento de Santiago. La honestidad del director es superadora. Y fue el propio lenguaje cinematográfico, y no su contenido, lo que lo ha demostrado ser quién es frente a ese personaje construido llamado Santiago.

Esta impresionante obra demuestra como el cine es un mecanismo para descubrir nuevos mundos no sólo para el espectador, sino para su propio creador. Que, después de todo, es la señal que marca cuando algo es verdaderamente artístico.

OBRA MAESTRA

 

 

VIKINGO

En el cine, un antropólogo filma planos detalles para mostrar lo impresionable; y los planos generales para denotar todo un espacio. Eso es porque el antropólogo es un ente extranjero del campo. José Luis Campusano no es un antropólogo, porque es un nacido y criado de ese campo. Y por ende todos sus planos tienen un fin netamente narrativo.

El Vikingo es alguien famoso en su barrio. Un padre de familia que labura como afilador de cuchillos. Su presentación en distintos planos sobre cómo hace su oficio es una placa descriptiva y bien introducida. Aguirre es un desconocido del lugar, pero recibe la solidaridad de parte del Vikingo. Allí, en compañía de los dos nuevos amigos, la cámara se metera de lleno en la cultura de los motociclistas, sus preferencias al heavy antes que la cumbia, la birra, el sandwiche de milanesa, las orgías, etc.

Pero Campusano no estereotipa. Ese Aguirre no respeta los códigos sociales que mantienen la cohesión en los mismos. Difíciles de adaptarse para alguien que tiene un pasado que denota una contraposición a las mismas. Pero también para el Vikingo, cuyas frustraciones quedan presentes a las amenazas que ponen en peligro la inocencia de su sobrino.

Un filme que hace notar su amateurismo. Pero eso no le quita nada. Es más, le agrega, porque permite que todo quede sumergido, pero a la vez siempre bajo una mirada determinista, precisa y acertada. Un recorrido en moto sobre una cultura marginada que se maneja con mucha comodidad y soltura.

××××× Recomendada

 

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