Nunca más… Nunca menos… Nunca más

Con la muerte de Sábato, sacó jugo, como buen oportunista que soy, para tratar cierta cuestión relacionada con la política, el arte y la dictadura.

El Ernesto Sábato que le entregó en sus manos el informe de la CONADEP al aquel entonces presidente de la Nación, fue el mismo Ernesto Sábato que tuvo una cena con el dictador Rafael Videla, junto a Jorge Luís Borges, para luego concluir con su visión del genocida como un hombre “culto” e “inteligente”.

El mismo Mario Vargas Llosa que fue un referente del llamado “boom” latinoamericano (aunque Cortázar decía que mucho no se fiaba de ese movimiento, ya que el propio nombre lo delataba: “boom”, término yanqui), ahora nos dice que es necesario que los mercados hagan lo que se le cante.

Sarmiento. Lugones. Escritores extraordinarios con pensamientos ordinarios. Como si el arte se contrapone con la política.

Miren.

La Política siempre ha pretendido mirarlo todo desde la Lógica para hacer el laburo más fácil. Tanto el capitalismo como el marxismo, se maneja bajo la esencia cientificista. Porque si se pretende tomar el rumbo de toda una población, se debe tener la intencionalidad de mirar todo en forma generalizada. Para eso forja un proyecto esquemático que moldea la estructura de toda una comunidad. Utiliza un discurso, y percepción, bajo la designación de “Todos”. “De todos”. “Para todos”. “Entre todos”. Todo pipí cucú. Por desgracia, esto hace susceptible a que la teoría se aleje de la práctica. Es decir, se vuelven contradictorios. Los ideales de la Democracia se contraponen con la existencia de la exclusión social.

Esto se contrapone con el Arte (o la Estética). El arte es propio y personal del artista. Es más enmarañado y difícil de comprender partiendo desde la Lógica. El porqué de un color, una palabra o un sonido se encuentra en la psíques del artista y es posible que se quede en ella. La sensibilidad humana es compleja. Bah, más que compleja, es caprichosa. Pero demasiado inquietante como para guiarse en silogismos. El Arte es grito. Y un grito no se fundamenta con argumentos.

El arte no pertenece a ese mundo suprasensible platónico donde se guarda los ideales de la perfección. Porque el arte es humano, y el humano no es perfecto. Igual que la política. Porque sino estaríamos regidos bajo un mismo proyecto absoluto y lógicamente justificado. Bueno, ahora casi todo está regido por el capitalismo, ¿pero ahora vamos a darle razón al pajero de Fukuyama?

La política se inclina más en la cabeza que en el corazón, lo contrario al arte. De ahí que no hay una línea tan clara que los haga dividir. Y esto se hace explícito en ciertas frases con carga política, pero que a la vez son gritos.

Cuando alguien escribe NUNCA MÁS, hay una visión de cómo debe ser el país. Pero es empujado en base a las emociones que se impregnan en base a una estética que consiste en eso: escribir NUNCA MÁS. Se sabe, en líneas generales porqué alguien escribe NUNCA MÁS. Pero el detrás del NUNCA MÁS, hay una cierta inquietud ideológica en ello. Cuando Sábato escribió el prólogo de NUNCA MÁS, lo hizo bajo un cierto intento frustrado de advertir sobre la existencia de un fantasma, que escribe con la zurda, en donde podría estar merodeando en el mundo con ansias de sangre.

Recuérdese la primera oración de dicho prólogo: “Durante la década del ’70, la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países”.

Es verdad que a partir del segundo párrafo, reconoce que lo que hizo el Estado fue “infinitamente peor” que lo que hicieron los “combativos”. Pero la esencia de la teoría de los dos demonios está presente en el informe.

Hoy, si alguien escribe NUNCA MÁS, no creo que lo haga porque apoye la teoría de los dos demonios. Y no creo que deba ser tratado de ingenuo. Porque, a diferencia de otras que generan un torbellino de polémicas, como YO ABORTE, LEGALICENLA, 30.000 RAZONES PARA DEFENDER EL MODELO o BUROKRACIA SINDICAL (que igual también son gritos), el NUNCA MÁS tiene una coyuntura explícita y básica: que no se repita lo que pasó. Como su aceptación es válida en gran parte de los partidos, agrupaciones, organismos, etc., no basta con mostrar un argumento que lo justifique. Hay que gritarlo.

NUNCA MÁS es un grito en donde todo el pueblo democrático expresa lo que quiere, o más bien lo que no quiere, en su país. Va más allá de cualquier proyecto democrático, ya que debe ser explícito en todos ellos. Y si hay un proyecto democrático que no lo tiene presente, digamos el PRO, por dar un ejemplo (aunque es el ejemplo ideal), hay que gritarlo y empapelarlo en las paredes para abrirles las cabezas. Cuando desapareció Julio López, las paredes llevaban inscriptos el DIJIMOS NUNCA MÁS. Ta’ todo dicho.

Ahora bien, hay un nuevo grito que se viene dando hoy en día, resultado de una mutación del NUNCA MÁS, que se hace llamar NUNCA MENOS.

En lo que concierne a eso, quiero resaltar lo siguiente.

Yo lo que noto es que se está viniendo una juventud militante orientada a decir “alegrémoslos por los logros, ignoremos las fallas”. La concepción de militancia me parece que se rige bajo la voluntad de cambiar la realidad. De mejorarla y ver cómo se hace para erradicar todo aquello que provoca daño al pueblo.

Quedarse en un cierto posicionamiento, como es el NUNCA MENOS, se corre riesgo de caer en el conformismo y no en el accionar de exigir más. De recordarles a nuestros líderes que faltan cosas por hacer y que aquí estamos para recordárselos.

A mi el NUNCA MENOS no me cabe. Prefiero seguir insistiendo en el NUNCA MÁS.

Porque si seguimos insistiendo en el NUNCA MENOS, nos quedamos ahí. ¿Se entiende? Es decir, conformarse con que los militares, los curas y los policías estén en el banquillo. Cuando en realidad, nadie se ha estado preguntándose qué onda con los empresarios. ¿Qué injerencia tuvieron? ¿El Grupo Roggio sabía que los terrenos donde construyeron el Estadio Chateau, en plena dictadura, fueron el escenario para el asesinato de personas secuestradas por el terrorismo de Estado? ¿Y Julio Grondona? Es difícil imaginarse a Don Julio en el banquillo sabiendo que, a la hora de anunciar el “Fútbol para Todos” (otra vez la palabrilla mágica: Todos), estuvo sentado al lado de Cristina y del Diego.

Ah, otra cosa. No nos olvideos que hay dos desaparecidos en democracia, como mínimo. Y casi se nos va otro.

Por ende, yo voy a insistir en el NUNCA MÁS. Por mas que tenga una raíz orientada a los dos demonios, lo que cuenta es el grito.

Saludos y chapensen.

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2 comentarios en “Nunca más… Nunca menos… Nunca más

  1. Elena dijo:

    Entiendo que con su muerte salten estos temas.
    En mi opinión, es incuestionable el valor literario de sus obras, y eso es suficiente para que se lo recuerde con algo bueno.
    Me parece que-aprovecho que citás a Cortázar-, de esta clase de contradicciones políticas observables en Sábato no se ha salvado casi nadie. Es decir, sin defender su postura en la época de la dictadura- aunque, afortunadamente no lo he escuchado hablar a favor de la desaparición y la tortura-, digo que el tipo, desde mi humilde perspectiva, actuó de manera ingenua.
    Cortázar era antiperonista y antipopulista -que no son lo mismo, pero en la época iban de la mano-; él, que venía de una familia de clase media, no soportó esa invasión de las masas, esos pobres que se ponían la camiseta de “libros no, alpargatas sí”. El tipo se tomó su tiempo para cambiar su pensamiento y su mirada sobre latinoamérica. Y lo hizo de grande, de bastante grande.
    Qué se yo, Lea, he disfrutado un montón leyendo a Sábato y me parece un desperdicio por ahí que se desmerezca lo que hizo por lo que dijo en la época de la dictadura.
    Espero no estar haciendo una lectura simplista de tu artículo.
    Lindo blog. Un abrazo

  2. Elena: no ha sido mi intención desmerecer a Sábato.
    Lo que digo es que Sábato es simplemente eso: un artista. Y un artista no es sinónimo de un locutor político perfecto. Pero al mismo tiempo pienso que toda obra de arte es político, oponiendome a la concepción de arte autónomo.
    La prosa de Sarmiento es bellísimo, pero su proyecto de país, tanto dentro como fuera de sus obras, es una bosta.
    Es más, te digo algo: entre Borges y Cortázar, me gusta más Borges. Más de uno pensará que por ese motivo debo ser de derecha.
    Lo de Sábato y su relación con la Dictadura, por lo menos dentro de mi columna, es en realidad una acotación curiosa sobre lo que fue el significado del Nunca más y el sentido distinto que le damos hoy.
    Hay que disfrutar el arte de Sábato. En cuanto a su pensamiento, se debate aparte.
    Y no creo que hayas tenido una lectura simplista sobre mi columna. Te diría que todo lo que he escrito sobre Sábato, el arte, la dictadura y todo eso fue de enganche para poner lo que pienso sobre el Nunca menos.
    Un abrazo.

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