Una génesis no tan pedante

X-MEN: PRIMERA GENERACIÓN

Hay una actitud pedante en el cine y en la serie de revivir la génesis de los comics, pero partiendo del supuesto de que el héroe y el villano estuvieron unidos por la amistad. En la serie Smallville, el nivel de credibilidad acerca del mutuo aprecio entre Superman y Luthor es directamente proporcional al número de episodios. El último filme de Star Trek era bastante lúdica, aunque la enemistad originaria entre Kirk y Spouk… bueno, pedante. Pero en X-Men: Primera Generación hay una diferencia a destacar: ya sabíamos que Charles Xavier y Magneto eran amigos. Y eso, más el marco de la infancia tocada por el nazismo y el contexto de rivalidad en plena Guerra Fría, hace crear un relato más lúdico, menos pedante y con mayor credibilidad.

En la primera versión, que la dirigió Brian Singer y que es el productor del este último filme, sabemos que Erik (antes de ser Magneto) tuvo un duro momento en su juventud dentro de un campo de concentración. Lo que no sabíamos es que además conoció a un personaje llamado Sebastián Shaw. Este enigmático ser será el que dará inicio no sólo el desprecio de Erik por los “homo sapiens”, sino también una búsqueda con sed de venganza, cuyo recorrido irá desde Suiza hasta Argentina, en el Villa Gesell más “barilochero” que pudo crear la pantalla grande.

En cambio, Charles es un reciente doctorado en Biología, con acento inglés, que maneja sus poderes de la mente en forma controlada debido a que ya los tenía moldeados desde su niñez. Además, debe permanecer atento a las inquietudes de su hermana adoptada Raven, que la conoceremos bajo el nombre de Mystic y que se cambiará en el bando de Magneto. Aquí, un leve elemento de pedantería.

Los destinos de Charles y Erik se cruzarán cuando uno de los departamentos de la CIA los recluta en su ayuda contra un complot de los soviéticos, relacionado a un traslado de misiles a distintas partes del planeta. Allí los veremos a los dos, juntos, jugando al ajedrez. Tenemos un enemigo en común: los rusos. Lo aclaran mientras permanecen sentados en las escalinatas del Monumento a Lincoln, con la estatua del ex-presidente a sus espaldas.

El director de la peli, Matthew Vaughn, es el mismo realizador que Kick-Ass. En el mismo, Vaughn pretendió analizar el mundo de los superhéroes desde una mirada externa, la de los adolescentes burgueses. Su falla radicó en que el sujeto se convirtió en el objeto de estudio: el eje de donde lo mirá se convirtió en el eje de los superhéroes. En X-Men, ya su mirada se posiciona dentro de los comics. Eso permitió descubrir las complicaciones que los mismos tienen. Y al aplicarlo a los momentos bipolares del mundo, permite observar que los Hombres X no son solamente producto del caprichoso azar de las mutaciones dentro del código genético humano, sino también de una realidad pegada en cada uno de los que habitan en el mundo. Ya no son los héroes los encargados de mostrar como es el mundo idealista, sino que son parte de ese universo material en el que todos habitamos. Y, al mismo, cómplices del mismo.

A pesar que este planteamiento no es nada nuevo en el cine (véase Watchmen), Vaugh otorga una mirada del comic de Stan Lee que remite una fuerte presencia de cómo lo real es la que forja la creación del colectivo imaginario. Obviamente, su hilvanar y estética-política es muy norte-americanista. Distinto a otro filme reciente que hablaba del origen de Wolverine, en donde todos los acontecimientos quedarían borrados en la mente del héroe, todo permanece en el olvido y desaparece sin dejar rastro.

A su vez, Vaughn tendrá la dicha de enfrentarse a efectos visuales mucho más caras en cuestiones financieras. No podrá limitarse  a una lluvia de municiones… porque Magneto las detendría. El hecho de observar las flotas al borde de las aguas de Cuba, una lluvia de misiles en el aire y un submarino oculto muestran una carga visual que denota la esencia del ser humano, sea mutante o “normal”. Aquel que muestra su autodestrucción o su posibilidad de salvarse, dependiendo de que visión o visionario de cada ser pretenderá luchar por imponerse en forma hegemónica en la cultura.

X-Men: Primera Generación es quizás la mejor de la saga. Aquel en donde no hay impactos visuales innecesarios. El accionar (de sus poderes) de cada mutante muestra lo que son. Sus voluntades y sus inquietudes definen quiénes son y que serán. Mientras Wolverine se chupa algún que otro jerez en un bar.

×××× Mirala nomás

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