Doble presentación en el Cineclub Hugo del Carril

EL HOMBRE QUE RECORDABA SUS VIDAS PASADAS

OBRA MAESTRA

El director Apichatpong Weerasethakul (‘toy seguro que así se escribe) ha creado nuevamente una bellísima obra impresionista. Y nuevamente termina quebrando toda noción de orden narrativo.

Boonmee padece de una afección renal que le costará la vida. Pasará sus últimos momentos en medio de la selva junto con su cuñada e hijo. Rodeados de un sonido de fondo forjada por los grillos, unos seres espectrales aparecerán en su hogar. Desde simples fantasmas a criaturas nocturnas, descendientes de primates, con ojos rojizos. Es así que Boonmee permanece en un trance que quizás no sea percibido por nosotros los espectadores, salvo en ciertos momentos donde siente su karma al haber “asesinado comunistas”.

Pero Api continua su pliego, encajando relatos que a simple vista no entrarían en el hilo conductor, ya sea la secuencia inicial del escape de un búfalo o la fábula de la princesa que le pide a un pez la juventud eterna.

Todo el movimiento de la imagen queda resguardada en el cuadro. Quizás la cámara solo se mueve en las escenas de la cueva. Y eso es porque la cueva es más exploratoria. La selva, desde la mirada de Api, permanece resguardada para que nosotros nos sumerjamos, con nuestros ojos como guías. Mientras que Api solo se dedica a otorgar un poco de magia a aquello que es perceptible.

 

 

 

INVERNADERO

×××× Mirala nomás

El director Gonzalo Castro filma al escritor mexicano Mario Bellatín. Mario se intepreta a sí mismo. Después de detallar la fotografía, Gonzalo deja que Mario haga lo suyo y diga sus líneas. En las tomas, veremos cómo trabaja Mario a la hora de crear sus escritor. Viendosé así mismo como un fantasma, pidiendo colaboración de su hija a la hora de usar la computadora, charlar acerca de su pasado, mencionar lo malísimo que es la última peli de Almodóvar, etc.

Gonzálo se jacta de permanecer así como está. Encerrando las imágenes en cuatro paredes, realizando cortes directos a partes que no le gusta, etc.

Lo que vemos es tan claustrofóbico como un invernadero. Y lo único que atrapa en esa claustrofobia son los diálogos. Dialogos recurrentes, pero efectivos a la hora de permanecer al espectador en vigilia.

Pero a la vez, Gonzalo convierte a Mario en un personaje de cine. La presencia del garfio que suplanta su mano derecha termina por crear la imagen que condena a Mario y, finalmente, el que lo termina por simbolizar como personaje. Una forma distinta y original a la hora de retratar una figura literaria.

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