La mirada de los otros

EL PLANETA DE LOS SIMIOS: (R) EVOLUCIÓN

Los primeros, y notables escasos, sesenta segundos de El planeta de los simios: (R)Evolución son los que marcan la mirada de todo el filme. Luego de vistas aéreas sobre la jungla, vemos una manada de simios caminando. Planos detalles mostrándonos sus ojos, uno después del otro. Finalmente, la cacería hecha por los humanos. Planos subjetivos de los primates tratando de huir. Atrapan a uno: el sonido y los efectos visuales hacen que sea sorpresivamente doloroso para el ojo del espectador. Incluyendo un plano nadir (o sea, la cámara apuntando al cielo en ángulo recto) donde el cuerpo cae encima. Una secuencia notable por tener una posición fija y honesta.

Después de ganar un Oscar por encarnar la esencia del capitalismo en 127 Horas, ahora James Franco interpreta al Dr. Will Rodman, quien lleva años analizando una vacuna que permite regenerar las células nerviosas de los monos y, por ende, la posible cura contra el mal del Alzeheimer. Pero como su trabajo está al borde del estancamiento por orden de la propia farmacéutica que le da el apoyo, Rodman decide mantener a una cría de uno de sus conejillos (o monitos) de india. Al pasar los años, esta pequeña criatura bajo el nombre de César –en honor al personaje shakesperiano- pasará de dominar las torres de Hanoi al ajedrez. Su inteligencia y aprendizaje se desarrollan de manera rápida, tanta como su anhelo de querer ver el otro lado del mundo. Allí descubrirá la opresión de su especie y de la brutalidad que impera en los humanos.

Es así que César se convertirá en el primer eslabón que dará inicio una nueva era en el mundo, que no terminará en una travesía por el puente Golden Gate hasta los bosques nativos, pero que posiblemente se convierta en un pasaje bíblico. No es desatinado el título latino del filme: la revolución y la evolución van de la mano a la hora de cambiar cualquier hegemonía material y cultural imperante. Por eso, el filme es una muestra del visionario sociológico del movimiento histórico.

Me gusta pensar que el filme es una contraposición entre la concepción del director con la del guión. Se daba entender que la ironía darwiniana del Planeta de los Simios metaforizaba la decadencia de la civilización y su manejo de la Razón, bajo la amenaza silenciosa de una guerra nuclear. En este pre-cuela, que a decir verdad se acerca más a la versión de Tim Burton, el fin de la civilización no es por el fervor del hombre por destruir, sino por una falla a la hora de mantenerse con vida. El caos es el peor enemigo de las estructuras.

Pero el director Rupert Wyatt viene navegando por otra senda. Aquí la tecnología FX, la misma que se utilizó en Avatar, no se le saca provecho para armar una guía turística a mundos imposibles o para arrojar objetos 3D en la cara del espectador.  No, están para ofrecer una perspectiva. Una mirada. Un afecto. Un sentimiento. Los simios ofrecen algo para decir. Ofrecen algo para expresar. Una mirada de incógnito de César es compadecida por nosotros.

Plagada de guiños de la versión de 1968, desde la transmisión televisiva del despegue de un transbordador espacial… hasta una simple manguera, la obra de Wyatt no sólo logra tener dinamismo y mantenernos atentos durante todo el largometraje, posiblemente por tener una clara división entre secuencias narrativas, sino en enseñarnos como los efectos digitales pueden ser utilizados para la construcción de un mundo subjetivo, que desde un libreto sería imposible de conseguir. James Cameron se tendrá que comerse la banana.

××××× Recomendada

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