La metrópolis es así

Imagen compartida por Andrés en facebook. A pequeño M le falta la barba blanca.

 

 

Primero, nos pusimos triste que ganara Macri en Capital Federal. Ahí apareció Fito.

Después, ganó De la Sota y nos amargamos. Ahí no apareció Fito.

Y ahora ganó Mestre. Nos entristecimos sin Fito, de nuevo.

Me llama la atención que haya gente capaz de sorprenderse por estas victorias de la Derecha. Me acuerdo que en el primer caso se trataba de buscar alguna explicación. ¿Cómo puede ser que los porteños no hayan votado a Daniel Filmus y a su compañero de fórmula, el macrista-no-confeso Carlos Tomada?

Y en el caso de Mestre, ¿cómo puede ser que nosotros, los cordobeses, tengamos los ojos cerrados y no hayamos votado a… ¿a quién? ¿a Olga? Mmm… No sé. ¿Vieron la campaña que estaba lanzando? “La Fuerza de la Gente”. Supuestamente es un eslogan nacional y popular. Pero el de Cristina era “La Fuerza del Pueblo”. “Fuerza” y “Pueblo” tienen dos connotaciones distintas. “La Gente” es un término que lo utiliza Carrio. O sea que Olga es una mezcla de Cristina y Lilita.

Bueno, a Campana lo dejaron “pichin”: sólo lo quiso una quinta parte del pueblo. Y Dómina quedó más abajo. Eso nos enseña una lección: si abandonás la Fundación Mediterránea, estás frito.

Aclaro que yo voté a Carlos Vicente del Nuevo Encuentro, con pocas ganas. Estas fueron las elecciones con más fiaca para mí. Bah, quizás las presidenciales lo sean más todavía.

También menciono que para Octubre, después de ver cómo se proscribió a Proyecto Sur, voy a votar en blanco. Votar en blanco para presidente. No sé a quién votar para diputados. Quizás vote a la bancada de Victoria Donda, a pesar de mi inquietud por Binner y sus vaivenes con la soja y los loquitos de la AEA. Pero, bueno. Prefiero a la Vicky, que la banco, que a Hermes.

Pero volviendo al tema. ¿Cómo puede ser que ganara Macri, Mestre y De la Sota con su quincho importado? Muy simple: Córdoba y Buenos Aires son zonas que pretenden ser metropolitanas. Por ende, todo gira alrededor de una estética basada en la grandeza infraestructural. O sea, todo pasa alrededor de lo que uno mira. Y la única política que sirve es el observable. Si uno cree que un político no toma medidas que se puedan ver a corto plazo, no merece el voto. Esto es así. Así nos impone, llámese, el capitalismo. Imponiéndonos bajo la misión de convertirnos en seres individualistas. Y sólo nos importa ver que se hagan obras en las calles, sólo por mirar nomás. Nos importan tres carajos de acá a veinte años. Queremos ver cosas concretas.

La metrópolis es así.

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