Contracara sobre China y el Dalai Lama: Ernesto Tenembaum vs. Diego M.

Dios, el gigante y el dinero

Por Ernesto Tenembaum

Sea como fuere, lo ocurrido con China en las últimas décadas interpela a las convicciones más profundas.

Espiritualidad y glamour. El Dalai Lama junto a Susana Giménez.
El poder económico suele generar reacciones impresionantes por parte de quienes privilegian cuestiones materiales antes que cualquier otro valor. En el año 2006, Dios se rindió ante el dinero. Desde hace tiempo, muchos fanáticos hablan del Dios Google. Si esto es así, si se trata de una divinidad, hay que decir que su poder no es absoluto. Para ganar más adeptos, y hacer más negocios, Dios Google quiso ingresar a China. El gobierno le puso una condición clara: debía aceptar la supervisión de sus contenidos. Así fue como Dios Google abandonó las tablas de la ley y se hincó. Si usted escribe en el buscador, en este momento, Dalai Lama, encontrará 32 millones de vínculos. Tiene suerte. Si viviera en China e hiciera la misma operación, encontraría apenas tres vínculos. Está claro que una empresa como Google no se puede dar el lujo de obviar el mercado chino. ¿No se puede? ¿No era Dios?
Frente a la rendición de Dios, la decisión del gobierno argentino de ignorar completamente la visita del Dalai Lama –un disidente, Premio Nobel de la Paz, para más datos– es un hecho menor. Todo el capitalismo del mundo hace negocios en China y suele aceptar sus condiciones: hay que ser infantil para pedir que sólo la Argentina tenga una posición ética y humanista frente a una dictadura que lleva décadas en el poder.
Así ocurre con las dictaduras: los gobiernos de todo el mundo, las empresas de todo el mundo, los ciudadanos que viven bajo su poder, suelen negociar con ellas, adaptarse o aplaudirlas. Es raro que las enfrenten. Sólo se da en casos excepcionales, o cuando los dictadores quedan demasiado aislados, o en su ocaso, o treinta años después.
Cuando Cristina estuvo en China, de todos modos, hizo un elogio muy revelador de sus convicciones: “Ustedes han tenido la suerte que nosotros no, de la perseverancia en el tiempo de un mismo proyecto político-económico”.
Sea como fuere, lo ocurrido con China en las últimas décadas interpela a las convicciones más profundas, aunque ese contraste no necesariamente sea obvio. El fantástico crecimiento que se dio en ese país sacó de la pobreza a cientos de millones de chinos y a cientos de millones de personas en el resto del mundo. Ha sido la transformación social más radical que sufrió el planeta, como mínimo, desde la revolución industrial. La caída de los niveles de pobreza en la Argentina, por ejemplo, tiene una de sus causas centrales en China, y eso ocurre en casi todos los países del tercer mundo. Pero ese fenómeno tan justo y tan alentador se dio en un proceso que fue en contra, decididamente en contra, de dos utopías del siglo XX: la democracia –y con ello el respeto a los derechos humanos– y el socialismo.
China creció como creció, y salvó de la pobreza a cientos de millones en todo el mundo, pero es un país donde los disidentes son perseguidos, encarcelados, exiliados, prohibidos, humillados. Y, además, lo hizo gracias a que –primero– rompió el bloque socialista acordando con los Estados Unidos en los años setenta, y luego se abrió al capital privado multinacional y abandonó los sueños de igualdad. Ese país que crece y crece es una dictadura profundamente desigual, con altos niveles de corrupción –admitidos por el mismísimo Partido Comunista– y degradación ambiental.
Durante décadas, cientos de miles de militantes dieron su vida por la democracia y el socialismo, los dos sistemas que, presumiblemente, iban a instalar lo más parecido a la justicia en el reino de los hombres. Unos privilegiaban la democracia sobre el socialismo, otros a este sobre aquella. Y hete aquí, sorpresas te da la vida, que el cambio social llegó de la mano de un sistema que unifica lo peor de cada casa: la dictadura con el capitalismo, y no cualquier capitalismo ya que, dadas las condiciones laborales denunciadas por todos los organismos internacionales, es bastante salvaje.
Así de incómoda es la vida.
Para agregar elementos conflictivos a este panorama, esa dictadura va a ser la mayor potencia económica del mundo acá nomás, en el 2020, como calcula en su última edición The Economist, casi duplicando a los Estados Unidos.
Los defensores a ultranza de los derechos humanos, o de regímenes laborales que no explotan a los trabajadores, o de la libertad de prensa, no tendrán ningún dilema frente a este panorama: a los derechos de las personas se los defiende siempre, no importa lo bueno que sea un gobierno en otros ámbitos.
Pero les va a ser difícil esta vez porque el poder es tan grande, y será tan hegemónico que no sólo el Dios Google, o Cristina, o Macri: el mundo entero se rendirá a los pies del nuevo Amo del mundo, no importa los derechos que pisotee. Además, como el avance social es dramático, ahí está el argumento a flor de piel para ignorar los pequeños detalles que China deja en el camino. Da la impresión de que quienes se conmuevan por los disidentes encarcelados, por las torturas en las cárceles, por los confinamientos, serán arrasados por el poder del dinero y del poder.
En defensa del gobierno nacional hay que decir que se trata de una política internacional coherente. Antes de ignorar al Dalai Lama, Cristina –a tono con los principales líderes del mundo que sumaban sus propios elogios– había dicho sobre Muammar Khadafi: “Yo y el líder de la nación libia hemos sido militantes políticos, desde muy jóvenes, hemos abrazado ideas y convicciones muy fuertes y con un sesgo fuertemente cuestionador del statu quo que siempre se quiere imponer para que nada cambie y nada pueda transformarse”. Y esta semana, agregó sobre Napoleón: “Napoleón fue un personaje revolucionario. Es un personaje que me gustó mucho. Sé que mañana me van a matar, pero Bonaparte me gusta. Siempre desde la izquierda nos acusaban de bonapartistas. La figura de Napoleón me parece increíble”.
Pero el mundo entero es así.
En todo este panorama, hay una pequeña luz al final del túnel. Dios, en realidad, se reconcilió consigo mismo: Google, a mitad del año pasado, resolvió levantar la censura y habilitar el funcionamiento libre de su buscador en China. Pero la luz no es muy potente: el gobierno ya había encontrado su propia tecnología para controlar el flujo de información por esa vía.
O sea: el Partido Comunista era más que Dios.
Pero el Partido Comunista era Capitalista.
Y gobernaba un país desigual al que Europa occidental le está pidiendo ayuda.
O sea: renuncio. Es imposible entender algo cuando Dios se rinde, luego es vencido por comunistas que son capitalistas.
Y pensar que alguna gente saca conclusiones lineales de todo este lío.

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El Dalai Lama, un cuento chino

Por Diego M.
El personaje que abordaré hoy también pertenece a la casta(nunca mejor dicho) de los gurús, charlatanes, brujos y desaprensivos que se aprovechan de la bondad e ingenuidad de la gente. Tiene prestigio, es invitado a foros internacionales, ha hablado en la ONU, su causa es apoyada publicamente por gente famosa y caso único hasta ahora: es la única figura reaccionaria-ultraconservadora apoyada por gente de izquierdas. Curioso; creen que están ante un nuevo Ghandi o Mandela, y están ante un Pio XII del Himalaya. Su nombre real es Tenzin Gyatso. Pero es mundialmente conocido como el Dalai Lama.
El Tibet es uno de los lugares más remotos, atrasados e inhóspitos del planeta. También uno de los más aislados por circunstancias obvias. En este país se estableció un sistema feudal dirigido de forma totalitaria por las castas de los nobles y monjes(castas superiores)que dominaban absolutamente al pueblo(casta inferior). La clase privilegiada la conformaba el 2% de la población, El resto de la población la componían: siervos(80%), esclavos(5%) y monjes pobres sin ninguna clase de derechos(10%). Estos ultimos trabajaban como peones y a pesar de la supuesta doctrina lamaísta de la No-Violencia, eran azotados casi diariamente.Aunque el Dalai Lama se presenta ante la Humanidad como un hombre dívino que no siente ninguna atracción por lo terrenal, lo cierto es que fue el mayor dueño de personas del Tibet. Según la ley, era dueño de todo el país(eso lo primero) y de sus habitantes, vidas y haciendas. En la práctica, él y su familia, disponían de 27 fincas, 36 prados,6.710 siervos y 102 esclavos domésticos.
La vida del pueblo tibetano, sin derecho alguno y considerados por sus dirigentes como basura infrahumana eran un infierno y humillación constantes. Venían a este mundo para ser humillados y vejados constantemente. Tanto las mujeres como los hombres trabajaban en las tareas más sacrificadas y en el trabajo esclavo durante 16 horas al día.Debían entregar a sus dueños, el 70% de la cosecha. No podían usar los mismos asientos, palabras ni utensilios que sus dueños, porque no eran considerados dignos de ello. El pueblo tibetano sufría constantemente de hambre y frío. En Tibet no había electricidad ni carreteras ni hospitales ni escuelas. Muchos siervos morían a consecuencia de la desnutrición, mientras algunos monasterios lamaistas atesoraban riquezas y quemaban grandes cantidades de alimentos como ofrendas. El sistema feudal impedía el desarrollo de las fuerzas productivas.
Este es a grandes rasgos el régimen que presidía el niño-Dios, hasta que en 1950, fue derrocado. El pueblo tibetano y el Ejército Popular de Liberación,brazo armado del Partido Comunista Chino, le expulsaron a él y a su camarilla de opresores y privilegiados. Entonces, las cosas empezaron a cambiar. Se abolió el trabajo forzado y la servidumbre. Los esclavos de los nobles fueron liberados. La mujer fue liberada de la poligamía y la poliandría. Se llevó a cabo la Reforma Agraria que expropió a las clases opresoras y los siervos recibieron 20.000 escrituras de tierras y ganado. Empezaron a llegar por primera vez en la Historia del Tibet, teléfonos,telégrafos,emisoras e imprentas y las primeras escuelas. En 1957, 6.000 alumnos acudían a 79 escuelas primarias. Por primera vez en mil años, los tibetanos recibían un salario por su trabajo.Los equipos médicos empezaron a tratar y curar a la gente. La calidad de vida de la gente mejoró notablemente.
El comunismo modernizó el país y si hoy, el Tibet tiene unas infraestructuras víables, una población alfabetizada, una sanidad universal,etc, es gracias a China.
¿Qué obscuros intereses se esconden detrás del apoyo a la causa tibetana?.¿Quién maneja los hilos detrás de las manifestaciones y movimientos pro-Tibet?. ¿Porqué Estados Unidos, que se encargó de masacrar o ayudar a sus dictadores a masacrar a enormes masas de bangladeshíes, vietnamitas,laosianos,camboyanos, indonesios,timorenses,kurdos,etc, se preocupa tanto por los derechos y libertades de las masas tibetanas?.¿No tendrá algo que ver, el cada vez mayor número de documentales pro-Tibet y anti-China, con el ascenso cada vez mayor de China, que inevitablemente angustia a Estados Unidos?.
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