¡Oh señor, analízame!

HABEMUS PAPAM

La polémica obra de Nanni Moretti llegó finalmente a las salas de Córdoba. Bajo una construcción mordaz  de un hipotético Vaticano estrujado, el filme pone a prueba a todo una complejidad, tanto espiritual como normativo, sobre la fe pendida en un limbo emocional. Y es que como todas las creencias, no siempre las institucionalizaciones logran contener los interiores del propio individuo.

Al morir el Papa, los cardenales se juntan en un cuarto cerrado para designar al nuevo Sumo Pontífice. El mundo colmado por la espera de la chimenea blanca, las pifiadas periodísticas se ponen frente a las cámaras y dos planos detalles de la bandera de Argentina son captados por la cámara. Finalmente, el sufragio elige a Melville. Este acepta el nuevo puesto que el Señor le ha asignado. Chimenea blanca. Su oficialización se dará al mostrarse en el balcón frente a millones de testigos. Un grito angustiante lo impide hacerlo. El mundo permanece confundido.

Esta fisura del sistema empuja a los cardenales a invitar al propio Moretti como psicólogo. La primera y única sesión terapéutica del filme es una puesta en escena digna de una verdadera comedia. El psicoanálisis y el catolicismo no se llevan muy bien. Y si se tienen que respetar mutuamente en un cuarto oscuro encerrado su conclusión será muy difusa.

A partir de entonces, Moretti crea toda una serie de imágenes que no pretenden polemizar. Todo lo contrario. Trata de otorgar un cierto agrado hacia los personajes, sin que el contraste intercultural opaque a los mismos. Un Melville prófugo recitando su posible discurso inaugural en un colectivo, como un mundial de vóley teniendo a los sacerdotes como jugadores son construcciones que nunca caen en la burla.

La imposibilidad de entrar en el subconsciente del depresivo Papa nos lleva quizás a la imposibilidad de la génesis de su estado. Su anhelo pretérito y frustrado por ser actor de teatro es lo único que tiene el espectador. El limitado dato lo es tanto como lo poco que puede ayudar Melville a una segunda psicóloga sin especificar su propia ocupación. La incomprensión del alma no solo es compadecida por el espectador y los personajes, sino también de la propia alma.

Moretti trabaja siempre con aprecio. El desprecio sólo es digno para aquellos que tomen el camino hermenéutico del propio filme. Pero quizás el primero tampoco se pretenda que el segundo llegue a eso. El énfasis de otorgar un rostro más apegado a la pantalla a una figura como el Papa, encarnado en forma grandilocuente por Michel Piccoli, muestra el más claro camino seleccionado por el artista. Detrás de toda institución, hay rostros. Y detrás de todos esos rostros, hay vidas pasadas que nunca se apagan, que son propias y que se vuelven personas contradictorias. O posiblemente sean las propias estructuraciones la que los vuelven contradictorias.

Más apegada al marco de la comedia que tener la pretensión de encadenar chistes, sin afirmar que no los tiene, Habemus Papam es un cine que podría tildarse de profundo. Pero que es demasiado humana como para simplificarlo a lo polémico per se. Eso sí: no se niega que la voz inmortal de Mercedes Sosa, un sonido de enorme fortaleza de alegría para muchos, pueda denotar una cierta estética bizarra al ser escuchada por la inocencia de los sacerdotes. Pero bueno, que los perdonen, no saben lo que hacen.

×××× Mirala nomás

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s