El Estudiante: Las barbas de De la Torre

Columna mía sobre el filme El Estudiante, de Santiago Mitre, publicado en la sección Mi Disquera no es Sony de la revista Sin Permiso, de distribución gratuita en la Escuela de Ciencias de la Información.

Con un pulso narrativo que pone en vilo a cualquier espectador, y con cierto desborde al thriller, El Estudiante de Santiago Mitre, que ya fue estrenada en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, es una puerta abierta a la disputa del rol que se ejerce en la militancia universitaria. Pero a la vez, la universidad como un muestro de lo que significa el campo político a nivel universal.

Desde la mirada de la crítica cinematográfica en general, es ya de por sí la película argentina del año. Lo cual no significa que este exenta de polémica. Si uno quedará de lleno en el contenido del mismo, por lo menos desde el ala más cercana al peronismo, se la tildaría de “gorila”. Por algo, no recibió el apoyo del INCAA. Pero la forma, acarrea una profundidad mayor que la historia en sí. Por algo desconocemos el origen preciso del protagonista y de la carrera que cursará, del mismo modo en que no sabemos que producía la fábrica donde trabaja Carlitos Chaplin en Tiempo Modernos. Lo ficcioso se encarna en apuntar una visión de la actualidad pero a la vez contemporánea, en donde la Política se interpreta como una esencia social de empuje motora, pero que su base se encuentra en la propia voluntad de uno, desde cualquier sentido que se le dé al término.

Roque es un pibe “del Interior”, de un pueblito recóndito pegado a una ruta nacional. Tiene una impecable destreza a la hora de mantener relaciones públicas. Eso le sirve para trazar lazos de amistad y de enganchar a cualquier mina que se le cruce. Decide probar sus estudios en la Universidad de Buenos Aires. Allí, sus sentidos percibirán los colores y las expresiones en cada pasillo de los establecimientos. No habrá una pared de la UBA que no exprese una idea. Los espacios son reducidos y los afiches que no logran cubrir terminan siendo colgantes. Los “Néstor Vive” y los “Mariano Ferreyra Presente” están por doquier. MST, La Mella, Partido Obrero, Proyecto Sur, Izquierda Socialista, Marx, Rousseau, “burócratas”, “oficialistas”, hasta un afiche del viaje del ENEC 2010, son detalles representativos que en su conjunto prometen una lucha entre símbolos desde lo visible. Desde lo que no es visible, será otra historia que quedará puertas adentro. Por lo menos, desde los ojos de Roque.

Al estar encandilado con Paula, profesora y militante de la agrupación ficticia La Brecha, mantendrán una relación que va del erotismo al amorío. Roque quedará seducido por las telas que van tejiendo la Brecha a la hora de conseguir los votos. Alberto Acevedo es el líder a seguir, cuya misión será ser el próximo rector. Maravillado por el modo en que nuestro protagonista lograr armar sus trances, sus estrategias comunicacionales y la obtención de conexiones, Acevedo le dará lentamente un espacio a Roque en forma escalonada.

Es ahí en donde la película bucea en la profundización y en la construcción de la burocracia. Un sub-mundo que, a la vez, es el mundo que opera en todo. La forma de organización más racional, según Max Weber, como un campo de batalla de las disputas individuales y el uso de la contención grupal como medio temporal de trance. En ese naufragio, y durante gran parte del resto del metraje, Política y Ética se van a ir separando.

Sin embargo, Santiago Mitre encierra su historia para conformar su propio ensayo y a la vez expresar la paradoja. Esa Política y esa Ética están yendo tan separadas que terminan siendo iguales en el cierre del filme, con un engañoso intercambio de mate como símbolo de la amistad criolla. La explicación está en el uso del lenguaje que se proponen en dicho ensayo. La política no sola como un campo de juego en sí, sino también un campo de juego en la disputa por su uso lingüístico.

Eliseo Verón (intelectuales “gorilas” si los hay, lo cual no significa que estén exentos de cualquier análisis contundente) afirma que la línea que divide entre el hecho político y el discurso político era tan difícil por no decir imposible. El giro lingüístico de Roque, la última palabra de la peli, luego de tomarse el mate, es tan grandilocuente que el silencio es lo que nos avisa de la existencia de otra historia: una nueva visión de la política.

La intención de Lisandro de la Torre para dejarse crecer la barba y ocultar la herida que le dejó Yrigoyen en un duelo, no es una cuestión de despecho a uno mismo, sino la de sobrepasar cualquier obstáculo que la realidad impone sobre uno mismo: que la derrota nunca es un final, y quizás tampoco la victoria. La ilusión consiste en la realidad debe ser cambiada por la voluntad de un Ser Transformador, pero que es transgredida por cualquier tipo de freno, llámese burocracia, Fin de la Historia, Consumismo, Enfriamiento de la Política, etc. El visionario general se guía por ubicar el poder a la Administración y no en las bases. De allí, la doble concepción de la Política. Roque sabe que desde el Poder Administrativo no tiene límite, pero luego vera que tampoco lo tendrá el otro poder.

El director pone esas dos concepciones del poder y la política, la administrativa y la comunicacional de bases, para plantear el dilema que se ejerce desde la militancia. Mitre, que considera su cine como político y no como militante, declara que la Política sólo es legítima cuando no establece diferencia con la Ética.

Eso sí. Si alguien se anima a proyectarla en la ECI, con un diverso público de militantes… hay tabla.

Visite la página web de Sin Permiso.

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