Una vieja aventura, una nueva forma de contarla

LAS AVENTURAS DE TINTÍN

La duda sobre el uso artístico del Motion Capture, la técnica para registrar los movimientos de los actores para luego procesarlos en animación, se basaba en la inutilidad de pretender “animar” las figuras de carne y hueso. Robert Zemeckis (El expreso polar, Beowulf y Los fantasmas de Scrooge) demostró que la técnica permitía construir tomas imposibles, pero ni siquiera otorgaban un cierto sentido expresivo, tanto de la misma toma como para su relación con la trama. Ese escepticismo terminó sofocado por dos narradores gigantes, Steven Spielberg y Peter Jackson, en donde su pasión por la aventura, y la nostalgia de la infancia, sólo se podían materializar mediante esta tecnología. ¿El resultado? Dos secuelas de un mismo proyecto. La primera, el primero como director y el segundo como productor, ya está en los cines: Las aventuras de Tintín.

Los personajes pintados por el historietista Hergé saltan del espacio plano a otra dimensión plana, pero de mayor tamaño y con sensación tridimensional más aguda. Para eso, tendrán su transición con la apertura del filme, que nos remite a Atrápame si puedes, otra peli del mismo cineasta. Después de eso, la tercera dimensión tomará distancia de la separación de cuadros para mantener un movimiento constante, con los ojos del narrador de E.T. y Jurassic Park como guía. Es así que el reportero Tintín y su fiel compañero, y a veces más inteligente que su dueño, Milú, emprenderán una travesía inesperada para ellos a partir de la compra de una maqueta: el modelo del famoso buque Unicornio. Desde entonces, la vida de los protagonistas estará repleta de peligros mediante tiroteos, secuestros, naufragios, piratas, persecuciones… ¡hasta un combate entre grúas para cargamentos! Pero siempre, con la ayuda del bebedor empedernido capitán Haddock y los agente Fernández y Hernández, que no logran atrapar ni siquiera a un cleptómano de billeteras.

Los ingredientes que condensan toda aventura “spielbergiana” están presentes. Y justificadas en la raíz cinematográfica. El equilibrio de los géneros se hace presente: misterio, mediante el juego de luces y sombras; acción, con el manejo electrizante de los movimientos de cámara; y humor, mediante ingeniosos gags. A veces esta tercera pelota (humor) se mete en medio de la segunda (acción) cuando uno menos lo espera, pero siempre en forma ordenada aún con tanto malabarismo. Todo esto quizás sólo podría lograrse mediante esta específica técnica de animación.

Lo más impresionante del filme es el extraordinario plano secuencia, en donde nuestros héroes persiguen a Sakharine y sus secuaces para recuperar los tres pergaminos. Allí, se hacen presentes tres persecuciones de distintos niveles. Uno diegético, dentro de la historia. Otro, gestáltico: la figura y el fondo compiten entre sí para atrapar la atención del espectador, es decir, mientras los cuerpos de los personajes corren y vuelan, un hotel se empieza a mover (glup). Y un tercero, lingüístico: la propia cámara persigue esas figuras y trata de equilibrarse para que el fondo en movimiento no acapare el espacio del cuadro. ¡Ya era hora que Spielberg construyera una secuencia sin cortes de este tipo!

Apasionada, enternecedora, aunque puntualmente machista (no porque los aventureros sean todos hombres, sino porque la única mujer se convierte en objeto para que el malvado concrete su plan y que, por ingenuidad, ella no se da cuenta), Las aventuras de Tintin es una montaña rusa cinematográfica, donde por primera vez (quizás) se le otorga un sentido a la manifestación del Motion Capture. Hacerlo en el clásico croma con fondo verde hubieran provocado una indefinición de los contornos de los personajes con el fondo y este último se hubiera vuelto borroso con tanto vértigo, tal como se demostró en la fallida cuarta entrega de Indiana Jones. Pero aquí, la figura y el fondo conforman una pelea de cuerpo a cuerpo. De allí, el plano se vuelve nutritivo y electrizante. Eso sí: la proyección en 3D puede provocar un cierto mareo por cada tanto vertiginosa narración presente en el relato, y no sólo en los momentos de mayor acción.

De cualquier manera, se trata de un punto nodal en la forma de hacer cine de aventuras. Se logra a nivel técnico. Pero por sobretodas las cosas: la sed de Tintín y del espectador por “buscar respuestas” se convierte en una pasión compartida.

××××× Recomendada

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