Patria y poronga

El reclamo de hoy por Malvinas es un ejemplo de la decadencia que se gesta en el discurso patriotero.

Estoy en uno de esos momentos en donde no sólo soy un escéptico en cómo se viene manejando el uso de la palabra patria, sino de la palabra en sí.

La palabra “patria” viene del latín “patrĭa”, que a su vez es un derivado de “pater”, que significa padre. La patria tuvo se alba en la época de los romanos. Gloriosos emperadores inconformistas con lo que tenían deciden conquistar nuevas tierras, librando batallas y acrecentando sus imperios. Siempre fueron hombres. Las mujeres estaban lejos de conseguir semejante privilegio. A pesar de lo que muestra la película Gladiador, ni siquiera tenían derecho a ir al Coliseo a disfrutar de las batallas en las arenas.

Es decir, siempre es una cuestión fálica: ver cómo se hace para tenerla más larga.

Centenares de años después, no hay muchas diferencias. Pienso que con el correr de nuestra historia, al gritar en nombre de la patria hubo más sufrimientos que alegrías. Por algo José de San Martín se tomó el exilio: él previsualizaba todos los escarmientos que se generarían a partir del “Viva la…”, de allí su negación a quitarle sangre a algún argentino y su impotencia de no poder evitarlo.

No es lo mismo alguien que grita “Viva la patria” (tercera persona en singular) que “Somos tierra” (primera persona en plural). En el discurso, la patria se cosifica para transformarse en algo que termina siendo propiedad de alguien.

Patria y Propiedad Privada terminan yendo en la misma senda. De ahí su inevitable conservadurismo.

Lejos estamos de comprender la percepción de los pueblos originarios. Desde cualquier pueblo, incluyendo los descendientes de comechingones del barrio Alberdi, o Pueblo de La Toma, afirman que no se sienten dueños de la tierra, sino que son parte de ella.

La verdad, no me siento parte de Malvinas.

Por más que las leyes constitucionales nos la impongan, por más que en las escuelas nos hayan obligado a cantar el himno por Malvinas, cada vez la siento más lejos.

¿Qué pasaría si llegásemos a recuperarlas en forma espontánea? ¿Saben que pasaría? Nos olvidaríamos de todo. Nos comeremos el verso que somos los más grandes. Que tenemos la verga más larga de todo el mundo. Y nos olvidamos de la soja, de la pobreza, de la megaminería, de la corrupción, de la deuda, del despojo, de la represión… de todo un poco, ¿no?

Igual que en el ochenta y dos. La muchedumbre saludando y cayendo en un ridículo montaje de que somos los más grosos no es un privilegio único de la dictadura.

Es muy distinto a lo que pasa en Famatina. Hasta diría que Famatina es la contracara de Malvinas.

Allí, las banderas argentinas están muy presentes. La unión de los vecinxs que están allí, iniciado en su mayoría por mujeres, se logró con un modo de lucha que mantiene el freno a toda clase de diferencias políticas, basado en un reclamo tan razonable y coherente como es la preservación de la vida. Las montañas famatinenses tienen su sentido de existencia para su pueblo. Es su modo de subsistencia.

Argentina viene reclamando la posición de las islas desde la Revolución de Mayo, es decir, desde que nació. En aquel entonces, el archipiélago estaba en manos de España y siempre los británicos trataban esporádicamente de conquistarla, ya sea con amenazas de guerra o por cuestiones diplomáticas (siempre señalaban que los que vieron las islas por primera vez eran británicos). Finalmente Buenos Aires envía a un norteamericano, David Jewett, a tomar posición de la misma. En  noviembre de 1820, Jewett notifica su arribo y declara al archipiélago como propiedad de las Provincias Unidas de Sudamérica, bajola Ley Natural como argumento infalible. Después, la corona inglesa las usurparía en 1833.

Nuestro país está en todo su derecho de recuperarlas. El problema está en cómo lo interpretamos.

Hoy, sinceramente pienso que la mayoría de los que reclaman las Malvinas lo hacen porque la quieren tener más larga. Los que reclaman por Malvinas no son los mismos que estarían dispuestos a devolverles a Paraguay las tierras formoseñas, que se las arrebatamos durante la Guerra de la Triple Alianza. Si perdemos Formosa, la tendríamos muy chica.

Que sea un justo reclamo no significa que lo que se reclama cambie las cosas. Debemos tener presente que no va a cambiar nada si llegásemos a recuperarlas. Menos aún cuando sus habitantes no nos quiere ver ni en figuritas. Hay que tener precisión en qué es lo que buscamos. ¿Gloria y honor? ¿Es eso lo que buscamos? Bueh, cosas volubles si los hay.

Hoy, se piensa que la gloria y el honor se obtienen metiéndoles un gol a los ingleses.

Ojala que con un gol a Canadá saquemos ala Osisko y a la Barrick de encima.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s