A dos años del asesinato a la Pepa Gaitán: Confesiones de un editor

La cobertura mediática del juicio por Natalia Gaitán se contrapone con los dilemas que emprenden aquellos que no se subordinan al mercado.

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Foto: javi ((i))

Una vez leí un cartelito de la casa de alguien que labura en edición de video en su propia casa, que decía lo siguiente: “Hice un pacto con Dios. Él no se dedicaría a la edición y yo no haría milagros”. A veces, los que nunca tocaron un programa de edición se la juegan con preguntas de alto riesgo para alguien que sí lo está, a la hora de pedir ciertos efectos especiales sobre los videos registrados que son complicados de realizar. Sin embargo, no se necesita ingeniárselas con localizar las herramientas y la precisión adecuada para adulterar la realidad. Utilizando los elementos tan básicos como anticuados, desde la época de Georges Méliès, se puede construir un cierto rasgo de alguien que se generaliza y que ese raso se transforma en el personaje.

Recuerdo aquel día en donde se dictaría la sentencia, en el Palacio de Justicia. Recuerdo que me sentía muy cansado, era muy temprano. Recuerdo que tenía frío. Recuerdo cuando lxs jóvenes y lxs no tan jóvenes estaban frente al edifico, en forma dispersa, esperando. Recuerdo que Tiempo Argentino ya había anunciado el juicio en una de sus portadas. Recuerdo que las cámaras de TN estaban allí.

Estaba con los chicos de Indymedia Córdoba realizando un trabajo conjunto para cubrir el cierre del juicio. Me sentía agotado, así que ni entré al palacio. Desde abajo, ya habíamos recibido la notificación de la sentencia. Allí bajó Graciela, la mamá de la Pepa, desolada y aturdida. Tanto en vivo, como con lo registrado en las cámaras.

Cuando revisaba lo que los chicos de Indy habían filmado en el interior del distrito, después de dictársele los catorce años a Daniel Torres, las imágenes y sonidos que yo veía en la pantalla eran de alguna manera una fuente de oro para los medios más propensos al rating. Gritos, lágrimas, movimientos bruscos… reclamos de la pena de muerte. Terminamos cortando gran parte del material.

La madre de la Pepa no tenía ningún titubeo en apoyar el asesinato a todo aquel que se lo merecía. Ya sea en un fuerte estado como lo tenía en momentos pos-dictamen, como hacerlo frente a una cámara para la entrevista en los momentos previos a ese dictamen.

“Lo cortamos”, pregunté. “Y sí”.

Al final, el reportaje que hicimos no hace mención de la pena de muerte. Mientras que los medios masivos no tuvieron ningún problema en mostrarlo.

¿Esa decisión nuestra podría ser declarada como un acto de censura para ocultar lo que realmente pensaba Graciela o se justificaba para no desviar el tema central, que fue el cierre de un juicio importante en la lucha contra la lesbofobia? Al final, Indymedia decidió subir aparte la entrevista completa, con reclamo de la pena y todo.

Últimamente me resulta incómodo hacer un revisionismo mediático sobre la cobertura de ciertos hechos importantes; los que hacen eso en los medios privados, trasladan la importancia del hecho a la cobertura. Sin embargo, los movimientos por la liberación sexual parecen ser insistentes en cómo los medios, y también la Justicia, construyen en forma tergiversada la figura de Natalia Gaitán.

La vida de la Pepa, marcada por su impronta lucha militante y su actitud de “marimacho”, resulta ser transgresor para algún vecino apegado al statu quo. “Demasiadas incorrecciones para ser incluida en un modelo construido a imagen y semejanza de la tierna Caperucita Roja, que se aplica a víctimas inocentes y pasivas, devoradas por lobos feroces tan estereotipados y descontextualizados como sus presas”, relata Alexis Oliva en una nota de Prensared.

Alexis también remarca lo siguiente: “’Estoy orgullosa de haber tenido una hija lesbiana’, es la frase que Graciela viene diciendo en cada oportunidad y que repitió ante los jueces. Una digna actitud de desafío a los prejuicios, demasiado difícil de digerir para un imaginario conservador y reaccionario, acostumbrado a demonizar a lo que considera ‘desviado’”.

Tampoco es fácil de digerir que Graciela diga estar a favor de la pena de muerte, reclamo que está presente en ciertos sectores de izquierda, pero más fuertemente en el ala conservadora. Tampoco lo es leer a Estela de Carlotto declarar que la minería que se está ejerciendo en San Juan es buena. Como tantos otros ejemplos que uno puede ocurrírsele cuando quebranta la idea de la existencia de una mirada universalmente mesiánica frente a la lucha de todos los males. Eso también es un estereotipo.

Con un corte de edición, se moldea una cierta figura, aquella que se presenta ante el mundo. Si esa figura es a la vez un estereotipo, dependerá de lo que pretenda de todo comunicador. Para aquel que no queda subordinado al capital, tendrá un papel complicado, pero que vale la pena arriesgar. Las encrucijadas, los dilemas y la ética (a no confundirse con lo moral) estarán indelebles ante lo que pretenda expresar una idea.

Después de todo, no podemos esperar que Dios edite.

Informe de la cobertura de la sentencia y la entrevista completa a Graciela Vásquez:

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