Si dependiéramos de ellos

Desde finales del año pasado, era difícil ocultar la euforia derechista que venía dando el Gobierno Nacional. De repente, aquella corriente revolucionaria y transformadora venía dando señales de una mirada digna de un macrista.

A nivel discursivo, comenzó con su reclamo por “un capitalismo en serio” en su discurso del G-20. A nivel práctico, comenzó con la aprobación de la ley anti-terrorista.

A partir de allí, emergieron señales. Señales que no eran dignas de un movimiento emancipatorio. El debate generalizado por la mega-minería, a partir del corte de Alto Carrizal en Famatina, puso en vilo la filosofía latinoamericanista K. El descubrimiento del Proyecto X, la base de datos ocultos de la Gendarmería, hizo poner en dudas la popularidad del modelo de no-represión. La tragedia del Once generó el debate sobre el estado de los trenes y la inoperancia estatal, aún cuando ya se venían dando otros hechos que lo denotaban. El defenestramiento a los docentes en su discurso inaugural de las sesiones legislativas del año. En menor medida, el supuesto caso de corrupción de parte del vicepresidente Boudou, acusado de testaferro para la recuperación de la ex-Ciccone. Y otros que ya no recuerdo. Ah, y la base norteamericana en Chaco. Es decir, señales que uno jamás aceptaría como algo común dentro de un modelo nacional que dice estar en la vereda de enfrente de la derecha.

Ahora, con la reapropiación de YPF todo cambio. Se genera otro escenario. Curiosamente, la reapropiación emergió en forma inesperada, en el momento que tranquilamente podía estarlo. Porque siempre se especulaba que esto, junto con Malvinas, formaban toda una cortina de humo para tapar el debate de la minería contaminante y en manos de extranjeros. Y sin embargo, el sueño se hizo realidad.

¿Cómo sigue ahora? Todo dependerá de cómo siga el escenario. El inconformismo por que sea sólo el cincuenta y uno por ciento de las acciones para el Estado, quizás se compensa con la voluntad de discutir cuál sería la deuda correspondiente a Repsol. Es el sentido inverso a la estatización de Aerolíneas Argentinas. Si bien se recuperaron un ciento por ciento, también se trató de todo un negocio para Guillermo Mata, cuyo manejo vaciador y recolector de deudas se cerró con un número verde al venderla al Estado y trasladar sus deudas al país.

Sin embargo, las empresas mixtas no han dado buenos resultados en el país. En el 2004, se crea UGOFE, con la intención de controlar los principales trenes de Buenos Aires, con participación estatal. Eso no sólo no puso freno a la decadencia ferroviaria que fervorizó el menemato, sino que además la fervorizó más. Las tercerizaciones se agudizaron y los sindicalistas se volvieron delincuentes y en casos extremos, en asesinos de Mariano Ferreyra.

¿Quiénes podrían garantizar que YPF no decaiga en ese atropello?

Si se toma al kirchnerismo partidario, aquel que se concentra en partidos políticos, como un campo de batalla entre un costado derechista, con referentes de los caudillos provinciales e intendentes conservadores, y un costado progre, llámese sabatellismo, los resultados no son gratos.

Si el manejo pasaría de la mano de gente más apegada a Scioli, de aquí al menemismo hay un solo paso.

¿Y si todo estuviera en manos del sabatellismo? ¿Cómo sería? Las chances son bajas. Jamás tuvieron el peso suficiente en esta batalla. Como así tampoco han dado sus frutos dentro del llamado Modelo.

En un principio, yo pensaba que el “kirchnerismo pogre” era algo necesario. Aquella ala capaz de aletear con fuerza contra todo eso, que llaman, gorilaje. En este caso, un gorilaje intruso metido en el movimiento nac&pop. Ese pequeño empujón para que ese aparato pudiera ser catalizado. Ese partido, con la voluntad obtenida, y con el nivel necesario y suficiente como para convertir en ley ciertos reclamos populares. La despenalización del aborto es quizás la más emblemática. Cristina está en contra de eso. Pero a lo mejor, quizás, quizás su franja de jóvenes progresistas y de izquierda, quizás sean ellos los que logren presionarla para lograr la tan deseada firma de aprobación, suponiendo que las dos cámaras dieran su vista buena.

Sin embargo, en estos últimos meses, no marcan más que una defraudación tras otra. No sólo que el kirchnerismo se ha vuelto más derechista a nivel discursivo, como también en la práctica, sino que además fue ese mismo kirchnerismo progre que votó a favor de la ley anti-terrorista.

La explicación es que, quizás, el kirchnerismo progre antepone su conformismo al progresismo. De pretender dejar a un lado sus críticas al Gobierno, de aflojar con el aleteo de sus alas, y dejarse llevar por el viento. En otras palabras, hacerse los boludos.

Si la empresa petrolífera dependiera de ese kirchnerimso progre-conformista, la nueva YPF se convertiría en una nueva UGOFE.

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