Acerca del humor negro

Se armó toda una polémica en relación al programa TVR, en donde compararon a una bailarina con síndrome de Down con una personaje de una publicidad de Luchetti. El juzgamiento debería pasar más por el que comunica y no por lo qué se comunica. 

La imagen de la polémica. Dicen que es ofensivo. ¿Y no lo es también difundirlo? ¿O qué se publique aquí?

Una vez vi un capítulo de la sitcom The Big Bang Theory, la serie de los cuatro amigos nerds, en donde el rector de la Universidad le acataba una orden al más cerebrito de la manada, Sheldon. Como no le cae bien a dicha autoridad universitaria, le respondió que no lo iba a hacer. “Si no lo haces –le replica el rector- haré que tus ojos terminen como la de los niños de la película Slumdog Millonaire”. Raj, el compañero de Sheldon y nacido en la India, comenta con cierta impresión: “Uh, no querrías sentir eso”. Risas de fondo.

Para aquellos que no vieron el filme de Danny Boyle, el chiste hace referencia a una técnica que tienen un grupo de explotadores de pibes de la calle, manejado por el negocio de las limosnas, que consiste en preparar un ácido para derretirle los ojos a los pibes para que queden ciegos. Un pibe no vidente pidiendo una monedita genera mayores ganancias que un vidente. El filme es un cuento de hadas, cuya materia prima es la cruda realidad. Boyle no oculta la civilización degrada en un país que promete ser futura potencia. Una toma fija registrando las calles, donde un policía aparece casi fugaz y dice “no está permito filmar” es el detalle que lo proclama en forma documentalista.

Cuando escuché, y vi, ese chiste de The Bin Bang Theory me molestó. Y mucho.

Pero esa molestia de mi parte no se debía al chiste per se. Sino con una plena mirada de aquellos que hacen un modo de hacer comedia televisiva, cuya polémica se opaca por la acumulación de espectadores.

Chuck Lorre es el creador de esa serie, junto con Two and the Half Men, supuestamente “la comedia número uno de Latinoamérica”, sobre los hermanos Harper y el hijo de uno de ellos. También es productor de Mike And Molly, sobre la relación amorosa de dos obesxs. Lorre tiene una mirada bastante fascista sobre la sociedad. Lo que tienen en común sus tres tiras es que para él, el humor consiste en armar un grupo de monigotes, separados en castas. Por un lado, aquellos que son normales, por ende, afortunados. Y por el otro, los que tienen ciertos rasgos que merecen caer a la burla (lxs perdedores, lxs nerds, lxs obesos). Es decir, figuras dignas de subirse a un escenario y ser señalados con el dedo como los bufones del pueblo.

Siempre sostengo que Two and the half Men es la contracara de Friends. En Friends, se observa a cada uno de los personajes como seres que se complejizan con sus virtudes y sus falencias. Pero esa complejidad llega a un punto en donde lo que separa la virtud de la falencia termina siendo imperceptible. A tal punto que no hay pro ni contra, terminan siendo lo que son. De allí el cariño que el televidente tiende hacia ellos. En el caso de los Harper no hay nada de eso: el perdedor Alan es la bufonada y el suertudo Charly es la vida que todo hombre desea tener. Todo eso conforma un universo plagado de oportunistas y seres despreciables, típico de los hermanos Coen… pero sin  profundidad  ni campo.

Que Lorre se ría de los chicxs de la India molesta, como también podría molestar que un Jorge Cuadrado hable de cojer a una hija mientras pasan una noticia sobre el golpe de Paraguay. Pero no por los chistes en sí. No hay forma de poner un chiste dentro de un frasco. Como se dice de algún lado, el medio es el mensaje. Un judio que se burle de su colectividad sería muy distinto si ese mismo chiste lo contase Mel Gibson.

La humorada “¿Para qué? Paraguayo” contada en forma suelta puede ser graciosa, aunque tenga consistencia machista. Es discutible si es ofensivo. En el contexto que lo planteó el conductor de Telenoche, ofende por el momento y lugar elegido para hacerlo. Es fácil sacar la conclusión sobre el poco interés de la noticia que se estaba tratando. Allí está radicado el desprecio. Sobre el chiste por sí solo es otro tema.

Soy de los que sostienen que el humor negro es lo que verdaderamente hace reír en una reunión ocasional. El humor provoca la risa porque genera un quiebre. No hay mejor forma que generar ese quiebre que el humor negro. Si alguien, en una mesa, les muestra un moretón o un lunar en su piel, y arrematan diciendo “parece un tumor”, les aseguro que todxs se matan de la risa.

El problema que tiene el humor negro no es el humor sino el humorista. El humor no tiene límites, pero sí el humorista. Porque el humorista tiene su experiencia, y por ende sus limitaciones. Sus límites pasan a la vez por la confianza frente al que lo escuche. Hay un acuerdo con conocimiento mutuo entre el contador y el oyente, mediante el sentido común. La experiencia del humorista o el reconocimiento interpersonal es lo que determina si es ofensivo o picardía.

A mí me molestó el chiste de The Bin Bang… por tener la plena conciencia de que su creador, y todos sus seguidillos guionistas se apegan a una cierta línea de ver las cosas.

Con respecto a lo de TVR: siempre han recurrido al uso del montaje para generar un tiro de gracia inesperado, mediante la burla del puritanismo. Tengo la plena confianza que no pretendieron ofender a nadie.

Y si no, miren lo que yo escribí en el Facebook el mismo día que ocurrió el Golpe Institucional en Paraguay:

“Al final, no sabemos si Lugo fue un líder neo-desarrollista, neoliberal o neo-socialista. Pero lo que es seguro es que se cruzó por el neonatal”.

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