Los momentos mágicos de Arcor

Hoy trascendió un nuevo acuerdo de la UNC con el Grupo de Luis Pagani. El oportunismo económico y político de un monopolio.

Pagani y Scotto. Foto: Cba24n.

Sonrientes. Juntitos. Manos estrechadas. Como si marcaran un pacto revolucionario. Luis Pagani y Carolina Scotto firman un convenio en donde la empresa de golosinas aportará 540 mil pesos para la restauración del Antiguo Rectorado. Las obras que ya están en marcha comprenden “el hidrolavado de la totalidad del claustro y el monumento del Obispo Trejo y Sanabria, así como la remoción de revoques deteriorados y el ‘plantillado’ de todas las molduras a recuperar”, según redacta la comisión de prensa de la Universidad Nacional de Córdoba.

“También se realizará la reparación de revoques y molduras, y la pintura del claustro y las galerías interiores así como de las rejas y faroles metálicos”, aclara la misma. Todo esto, a partir de los festejos de los 400 años de la Universidad más antigua de Latinoamérica. Y por supuesto, un grupo económico de alta concentración, de raíces comechingonas, no podía quedar ajeno.

La historiadora Verónica Baudino, a la vez docente e investigadora del Centro de Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales, señala que “Arcor suele ser presentada como un ejemplo a seguir. (…) Sin embargo, un estudio profundo sobre el derrotero de la empresa muestra que el éxito internacional de Arcor, más que una excepción, es parte de la regla, y no es tan fácilmente repetible. No se trata de la genialidad de Pagani, sino de la productividad del maíz argentino, principal costo de los caramelos. Por eso, su experiencia no puede ser trasladada a empresas que no estén de algún modo vinculadas con la única fuente de competitividad del capitalismo en nuestro país, el agro”. Además, resalta que “no está de más recordar que su accionar político, al mando de la Fundación Mediterránea, organización que impulsó la última dictadura militar y la convertibilidad, muestra que los éxitos que haya alcanzado”.

Arcor nace luego de una divisón entre los socios de una fábrica de caramelos, ubicada en Sastre, provincia de Santa Fe. En 1951, Fulvio Pagani decide instalarse en Arroyito, provincia de Córdoba, para instalar una nueva planta de producción. Gracias al modelo económico de la presidencia de Artuto Frondizi, obtuvo equipamientos de producción importados de Alemania y de envolturas traídas desde Italia. Con esto, la planta pasó de producir 5.000 kilos de caramelos diarios a 60.000.

En la década del ’70, comenzó a manejar la producción de chocolate, galletas y otros productos alimenticios. Luego, su difusión expansionista llegaría en distintos puntos de la región sudamericana. Ya para 1980, compra la empresa de golosinas Nechar en Brasil y en 1989 la Indal de Chile, con especialización de alimentos en general. Para los años noventa hasta el año 2000, sus oficinas ya estarían instaladas en México y Estados Unidos. Luego de eso, en Canadá, España, Sudáfrica y China. Para 2005, Arcor realiza una mega-unión en el negocio de galletas con el grupo Dadone de Francia, al comprarle el 51 por ciento de sus acciones, para crear Bagley. Hoy, Arcor es el principal productor de caramelos del mundo y trabaja con 120 países del planeta.

Los caramelos de Arcor se distribuyen con dos ingredientes: glucosa (60%) y azúcar (40%). La glucosa argentina es una de las más baratas a nivel mundial, ya que en nuestro país los costos para producir maíz, de donde viene el ingrediente mencionado, son más baratos debido al poco uso de fertilizantes para los cultivos. Lo mismo pasa con el azúcar, que es más barata la que se produce en el territorio argentino dentro de la competencia internacional. Mírese el negociado del ingenio Ledesma.

Pero no sólo Fulvio Pagani sacó provecho de los momentos económicos del país para construir su monopolio. También, ha sabido entablar ciertos lazos desde lo político.

En 1977, Pagani, junto con una treintena de empresarios cordobeses, entre los que se encontraban Adrián Urquía, de la aceitera General Deheza, Piero Astori, dueña de una importante empresa de construcciones, bajo la mirada directa del economista Domingo F. Cavallo, armaron lo que sería la Fundación Mediterránea. Obviamente, en plena Dictadura militar.

La Fundación tuvo su antecedente en 1969, con el surgimiento del ADIC (Asociación de Industriales Argentinos), entre los que se encontraban Pagani y Astori. Debido al fracaso del mismo, al no poder persuadir a los integrantes del Poder Legislativo de aquel entonces a la hora de aprobar proyectos de ley redactados por estos empresarios, deciden jugarse por el armado de una fundación para 1977.

Dentro de ella, Cavallo organiza una serie de programas de investigación en materia de economía para los integrantes, mediante el perfeccionamiento profesional a través de estudios en prestigiosas universidades de Estados Unidos.

Al cumplirse el aniversario del Golpe de Estado, mientras Rodolfo Walsh redactaba su Carta Abierta manifestando su despreció al régimen con argumentos sólidos, la Fundación tomó lectura de un comunicado de apoyo al Gobierno liderado por Jorge Rafaél Videla, mediante un discurso inaugural de Astori: “vivimos años de anarquía y destrucción. Hemos vivido al borde de la guerra civil y el colapso económico. Las Fuerzas Armadas asumieron la responsabilidad de la conducción de la Nación para salvaguardar la existencia misma de la patria. El gobierno ha convocado a la ciudadanía a participar en el Proceso de Reorganización Nacional mediante un diálogo constructivo. La decisión de formar la Fundación Mediterránea es nuestra contestación afirmativa a la convocatoria”. Con esta simpatía al modelo político-económico de aquel entonces, Mediterránea obtiene resultados muy dulces.

En las dos tablas, se observan quiénes integraron la Fundación. Extraído de la revista Razón y Revolución, con sus respectivas fuentes.

En las dos tablas, se observan quiénes integraron la Fundación. Extraído de la revista Razón y Revolución, con sus respectivas fuentes.

En 1977, la Fundación tuvo 26 socios. En 1982, en los momentos finales del Proceso, pasaron a ser 97. Hoy, los socios superan los 200.

Según la investigación de Hernán Ramírez, docente de la UNC, algunos miembros de la Fundación tuvieron mucha cercanía con el Partido Justicialista. De hecho, “existieron otros de los dirigentes de este partido a la FM, particularmente José Manuel de la Sota, quién propuso la candidatura, e incluso, desde el todavía poderoso sector sindical apoyaron su participación Jorge Triaca y José Rodríguez. También debe haber sido muy útil el aporte efectuado a la campaña, que según versiones no confirmadas habría ascendido a los novecientos mil o un millón de dólares, instrumento que constituye uno de los mecanismos que pueden utilizar los grupos de presión en su accionar”, señala Ramírez.

“La historia oficial tampoco cuenta que el crecimiento de esta fundación, y de algunas de sus empresas socias, estuvo vinculado con el vaciamiento del Banco Comercial y Edificador de Córdoba. Este había sido adquirido en 1977 por Cavallo, Astori, Dadone, y Pagani, el mismo año en que decidieron crear la Fundación Mediterránea”, comenta el periodista Lázaro Llorens. Aquel banco fue intervenido por el Banco Central de la República Argentina en 1982. Oh, casualidad, el BCRA lo presidía el Mingo Cavallo. Con esto, el ente nacional bancario envío un monto superior a 100 millones de dólares al BCE. Según Mario Cafiero, los depósitos quedaron “pintados”, junto a “créditos fantasmas que nunca se habían concedido”, transcribe Llorens. “Básicamente el banco fue usado para financiar las empresas de la Fundación. Cavallo era el gerente, y el subgerente Aldo Dadone. También trabajaban varios técnicos de la fundación” agrega Enrique Nhaux, exintegrantes de la Fundación y autor del libro Menem-Cavallo, el Poder Mediterráneo.

Hoy en día, Arcor es manejado por Luís Pagani, hijo de Fulgio al fallecer de un accidente de coche en diciembre del 2000, antes que Cavallo pusiera en práctica la ley de Convertibilidad. Luís es también el vice-presidente de la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA), creada en 2002, cuyo primer principio es el de defender “un sistema económico basado en la libertad de mercados y en la empresa privada como motor de crecimiento, en el pleno respeto del derecho de propiedad y la seguridad jurídica”. Entre los que comparten el stand vicepresidencial, además de Pagani, están Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín, Paolo Rocca de Techint, Sebastián Bagó de los famosos laboratorios y Aldo Roggio, entre otros.

Actualmente, Arcor ha entablado acuerdos con la Universidad Nacional de Córdoba, en donde el caso más emblemático es el armado del Polo Bio-tecnológico, donde trabajarán una decena de empresas para la realización de trabajos de este tipo. Según la prensa de la Universidad, se persigue la finalidad de “aplicarse los conocimientos en biotecnología para favorecer un entorno que asegure a las empresas incorporar dicho conocimiento orientando las investigaciones, manifestando el interés productivo en ciertas líneas de investigación, y aplicando dichos desarrollos”.

Una de las obras viales concretadas en la Ciudad Universitaria fue la extensión de la avenida Chacabuco, que permite una mayor conexión de la zona con el resto de la ciudad. Curiosamente, la sede de Arcor se encuentra a la mitad de esa unión, más apegada a la Universidad.

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