El Código de Faltas, desde una mirada “bayeriana”

La Historia no es lineal. Eso queda claro. Cuando analizamos un hecho, inevitablemente haremos un salto de atrás o para adelante para lograr una mejor comprensión, para contraponer, para comparar, etc. Eso queda claro. En la Historia, siempre recurrimos  a los saltos. Porque la Historia no es lineal.

Ahora, el problema está en ver qué tan grandes son los saltos.

De alguna manera, hay una cierta crítica que apunta a ciertos historiadores del revisionismo histórico pre-kirchnerista, por llamarlo de alguna manera, que consiste en que estos construyen sus miradas a partir de saltos muy amplios. Tanto el estilista pop de Felipe Pigna como el analista punk de Osvaldo Bayer.

Que repudian o evangelizan ciertas figuras de la historia nacional, mediante comparaciones y/o contrastes sobre determinados acontecimientos con otros que ocurrieron en una relativa alejanía temporal. Es decir, mediante saltos. La crítica que se hace sobre ellos se basa en que estos saltos no toman en cuenta los correspondientes contextos, coyunturas, paradigmas de cada hecho.

Un referente de esa crítica que tenemos aquí en Córdoba es el periodista Enrique Lacolla, hoy en día, bajo esta coyuntura bipolar, con una tibia recepción de apoyo filo-kirchnerista a partir de sus artículos con observaciones positivas en materia nacional y latinoamericano.

Es archi-conocida el activismo que tiene Bayer en relación a la figura de Julio A. Roca, presidente de la Nación y encargado de emprender la Campaña del Desierto. Sobre esto, Lacolla expone sobre la “tozudez” que tiene está perspectiva sobre dicho suceso trágico: “El moralismo ‘progre’ se eriza de espanto ante la dureza de la expedición y de sus expedientes militares para acabar con la resistencia indígena, pero no toma en cuenta los factores que estaban en juego ni se conmueve por la liquidación del gauchaje en las provincias federales, ‘muy superior tanto en números absolutos como en la importancia económica y política del procedimiento’”, sostiene Lacolla en un artículo suyo, publicado en su blog personal, titulado Defenestrar a Roca: una moda peligrosa, citando a Jorge Abelardo Ramos para defender el último punto de la cita.

“Elegir a Roca como chivo emisario para denostar a la oligarquía y atribuirle el papel de factótum de esta y de la consolidación del modelo dependiente de país, es una equivocación. Lo que es más grave: se trata de una equivocación a veces a sabiendas, que en el fondo intenta deprimir, fundándose en rasgos genéricos que eran propios de un momento de la historia y que se pueden encontrar en todos los argentinos de aquel entonces, el rol positivo que el general Roca cumplió al sofocar el intento secesionista porteño de 1880, nacionalizando el puerto de Buenos Aires en la más breve pero más sangrienta de las batallas de nuestras contiendas civiles del siglo XIX. Ahí se cerró la organización nacional, cortando el nudo gordiano que la había imposibilitado durante 70 años”, encuadra el periodista cordobés.

Es curioso que los aportes polémicos de Lacolla sean un tanto silenciados por el resto de la sociedad. De hecho, también duda de que los desaparecidos hayan sido 30.000, según el cual se “da a entender que se trata de una exageración, forjada para fines propagandísticos y luego establecida como una verdad revelada”. Esto último publicado como referencia en la última edición de su libro El Cine en su época. Con esto no pretendo repudiar su mirada, de hecho nunca está de más polemizar con lo “establecido”. Simplemente dudo que ahora sus seguidores quieran reflejar este costado suyo.

Sin embargo, Bayer es consciente de esas críticas. En su visita a Córdoba, a partir de una exposición que realizó el miércoles pasado en el centro Cocina de Culturas, utilizó los famosos saltos para demostrar que Roca fue un genocida. Y lo hizo a partir del proyecto político que se tenía, y que emprendían, los integrantes de la Revolución de Mayo, pero sobre todo de los que emprendieron la Asamblea General Constituyente del año 1813. Tantos unos como otros, Bayer sostiene que se impartió la mirada en declarar como iguales tanto a los criollos como los indígenas. Es decir, en pleno amanecer del país. Esto se contraponía, luego de los logros obtenidos en la Campaña del Desierto, con la venta de “chinas” que se realizaba desde el Estado para comercializar a los habitantes de pueblos originarios y que serían difundidos mediante avisos en los medios gráficos. “Antes de 1880, los medios no hablan mal de los indígenas”, sostiene el octogenario historiador.  Es decir, a partir de Roca se había recuperado no solo en la práctica sino a nivel cultural la mirada de los conquistadores europeos.

Sin embargo, el autor de La Patagonia Rebelde, durante su exposición en el centro cultural, realizó otro dato que parecería ser que no se toma en cuenta. La Ley 4.144 de Residencia, en donde se señala que, desde el Estado, se “podrá ordenar la salida de todo extranjero cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”. Esta ley, aprobada por Roca en su segundo mandato como presidente, fue aplicada en el contexto en donde los extranjeros traían los ideales, tanto socialistas como anarquistas, que traerían la lucha obrera y la creación de los sindicatos.

Con esto, la criminalización de la protesta se tornó inevitable. E incluso con el surgimiento del “primer desaparecido argentino” según el propio Bayer. Se trata de Juan Ocampo, un marinero de 18 años que participó de una marcha en conmemoración de los trágicos sucesos de Chicago del primero de mayo de 1904. En aquella marcha, Ocampo es asesinado por una represión a balazos. “Y lo llevaron a la redacción del diario proletario La Protesta. Pero allí, a la noche cayó la policía de Roca, rompieron todo, la imprenta, los libros, los vidrios, los muebles y se llevaron el cadáver del joven mártir. Y ese cuerpo nunca más apareció”, señalaba Osvaldo Bayer en un artículo que escribió para Página12.

En aquella época, se tildaba a los manifestantes de “agitadores”. La palabra encarna en ley. De ahí, la Ley de Residencia. De ahí el Código de Faltas.

A comienzos de febrero, el gobernador José Manuel de la Sota sostuvo que la misma sería reformada para detener a los que queman neumáticos en las calles o aquellos que recurren a las bombas de estruendo. “Hubo reiteradas manifestaciones en la ciudad de Córdoba. Algunas de ellas pusieron en peligro la seguridad de los ciudadanos. La Constitución autoriza la protesta pero no permite el daño ni la violencia. Los cordobeses somos gente de paz”, señaló el dirigente, a comienzos de febrero, de la tierra del Cordobazo.

Este viernes, se realizó una marcha en las calles cordobesas, organizada por el llamado Frente Organizado contra el Código de Faltas, conformada por distintos activistas, Este fue una de las consignas: “Repudiamos las reformas introducidas al Código de Faltas y la legislación antiterrorista nacional. Entendemos que las recientes modificaciones sobre el Código de Faltas, sancionando a quienes utilicen  neumáticos o pirotecnia en manifestaciones se orientan a criminalizar las demandas de quienes nos organizamos y luchamos. A su vez estamos convencidxs de que en el mismo sentido pretende actuar la Ley Antiterrorista”. Sobre dicha ley nacional, el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, sostiene en un artículo publicado en su página web que la misma “permite penalizar las protestas sociales para garantizar las inversiones y a la cual el gobierno argentino se ha sometido”.

Guac. Un salto abismal entre Roca y De la Sota, ¿no? Polémica la comparación.

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2 comentarios en “El Código de Faltas, desde una mirada “bayeriana”

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