Las vaquitas muertas de Chevron

La nueva polémica de los yacimientos girará en torno a algo que va más allá de la recuperación de YPF por parte del Estado.

Miguel Galuccio (YPF) y Ali Moshiri (Chevron) celebran en Huston el acuerdo por Vaca Muerta. Foto: YPF.

Miguel Galuccio (YPF) y Ali Moshiri (Chevron) celebran en Huston el acuerdo por Vaca Muerta. Foto: YPF.

El miércoles pasado, YPF firmó un acuerdo con la empresa Chevron para la explotación de una de las reservas petroleras más grandes del mundo: la cuenca neuquina Vaca Muerta. Se trataría de una obtención total de 927 millones de barriles en los próximos cinco años, un cincuenta por ciento mayor de producción petróleo a nivel nacional. Se espera una inversión de 15.000 millones de dólares. “Es el primer paso en el desarrollo en modo de factoría que prevé YPF para concretar el crecimiento de la producción previsto en su plan 2013-17 y que apunta a revertir el desbalance energético en el país”, relató Miguel Galuccio, CEO de YPF, para Página 12.

Hoy en día, Argentina pone todas las fichas en juego dentro de un backgammon internacional entre Chevron, Exxon, Pan American y Apache. Se trata de la búsqueda intensiva de los denominados hidrocarburos no convencionales. Cosiste en yacimientos de gas y petróleo con un alto nivel de compacto con las rocas. En una extracción típicamente vertical se realiza cuando ambas sustancias se encuentran en piedras con alta porosidad (agujeros) y que permitan una alta permeabilidad para que dichos combustibles puedan fluir con facilidad. Para extraer a los no convencionales, es decir aquellos que están atrapados en piedras que no son ni tan porosos ni tan permeables, o en el caso del petróleo con alto contenido de viscosidad, se requiere un procedimiento de extracción más complicado, más costoso… y más polémico.

Luego de la típica instalación vertical, con una profundidad de 1.000 metros, el casing o tubo de acero va en busca de la piedra madre o shale, lugar donde los combustibles resultarían imposibles de extraer con métodos antiguos. Al llegar allí, la excavadora se dobla en forma horizontal. Con esto, desde la superficie, mediante camiones cisternas, se inyectan grandes cantidades de agua a presión, junto con químicos corrosivos, tales como el ácido sulfúrico, y arena. Con esto, al impactar con las rocas, se generan fracturas diminutas para que salga el crudo y el gas que luego serán succionadas por el tubo. Este procesamiento novedoso se le denomina fracking o fractura hidráulica.

En el fracking, la inyección de substancias, conformada en un gráfico de torta, quedaría representada en un 98 por ciento por agua de alta presión, un 1,5 por ciento de arena y el resto mínimo para los químicos. Luego de fracturación de la roca madre, el 30 por ciento de los químicos regresa a la superficie en combinación con el agua.

En septiembre del 2012, el ministro de Energía, Ambiente y Servicios Públicos de Neuquén, Guillermo Coco, sostuvo que esos químicos recuperados se destinarían en tres estados: reutilización, almacenamiento en sumideros o reciclaje para la actividad agrícola (sic), “previo análisis de factibilidad de la autoridad de aplicación”.

En relación al uso del agua, a partir de la información obtenida por el diario la Mañana de Neuquén en ese mismo mes, “la población de la provincia utiliza apenas un 5 por ciento del caudal total existente en las tres grandes cuencas hídricas: Neuquén, Limay y Colorado. Ese porcentaje incluye todos tipos de consumo: domiciliario, industrial y de riego. Con los yacimientos no convencionales -señaló Coco-, se requerirán unos 50 millones de metros cúbicos adicionales en los siguientes 5 años, lo que añadirá un 1 por ciento más a la demanda actual, por lo que el 94 por ciento del caudal de los ríos seguirá su curso directo al mar”.

Afirmaron –continúa el diario- que tampoco es posible que haya impacto en el agua subterránea, dado que todos los sistemas de acuíferos reconocidos en Neuquén están ubicados a menos de 350 metros de profundidad, muy lejos del reservorio.

Cuando se empieza a conocer el procedimiento del fracking, inevitablemnete a uno lo lleva a pensar en la hoy en día tan cuestionada minería a cielo abierto. De hecho, hay que sumarle las emanaciones de metano que se esparciría por la atmósfera, incentivando el calentamiento global. El metano propagado equivale al doble a las que produce las extracciones verticales y produce un 23 por ciento mayor de efecto invernadero que el dióxido de carbono.

El método de extracción de yacimientos no convencionales también se haya cuestionada a escala mundial. Hoy en día es una actividad prohibida en Francia, desde julio de 2011, por el uso de “productos extremadamente agresivos”, “paisajes destruidos, agua contaminada” y una “seguridad dudosa”. También, desde enero de este año, se prohibió en Bulgaria luego de retirarle la licencia a Chevron para la búsqueda de gas de pizarra. También se han realizado pedidos de consulta en Chequia, Irlanda del Norte, Países Bajos, etc.

Chevron no sólo recibió un cachetazo en el Viejo Continente. En este momento, su filial argentina atraviesa una encrucijada judicial con los poderes judiciales de Ecuador, Argentina y Estados Unidos. En el 2011, La Suprema Corte ecuatoriana ordenó a la empresa norteamericana una indemnización de 19,5 millones de dólares por daños ambientales en la selva amazónica. Se trata del impacto ambiental provocada por una de las empresas adueñadas por la petrolera desde 2001, llamada Texaco. El hecho consiste en el desastre ambiental sobre Lagro Agrio durante 28 años (1964-1992), ubicada en el nordeste selvático ecuatoriano, donde conviven 30 mil integrantes de comunidades indígenas, en donde se detectaron casos de cáncer. En 2003, la Corte de Nueva Loja declaró culpable tanto a Texaco como a Chevron y ordenaron al segundo un pago de más de 8 mil millones de dólares. “El daño que dejó la compañía Chevron-Texaco es el más grande de la historia relacionado a la contaminación petrolera, este no ha sido supera siquiera por la del Golfo de México, que fue causada por BP. El daño que dejó la Chevron es 10 veces más grande”, sentenció la Asamblea de Afectador por Texaco.

De parte del presidente Rafael Correa, a comienzos de este mes, mantuvo una reunión con la presidenta Cristina Fernández para mantener un diálogo sobre la situación y la exigencia de que dicha empresa ordene el pago indemnizatorio.  Finalmente, la justica argentina falló a favor de Ecuador y, el 7 de noviembre pasado, ordenó el embargo a Chevron Argentina para alcanzar los 19,5 millones, ya que los activos que tiene en Ecuador sólo llegan a 2.000 millones de dólares. Esta medida, cuenta con el aval de la propia justica de Estados Unidos.

Ali Moshiri, CEO de América Latina y África de Chevron, sostuvo que “ese embargo ilícito se va a desestimar”.

Desde España, el investigador ecologista Florent Marcellesi ofrece su particular mirada al respecto al pacto con YPF por la fiebre de Vaca Muerta: “El gobierno argentino, siguiendo los pasos de otros gobiernos de América Latina como Brasil, inscribe su acción dentro del llamado extractivismo (de petróleo, gas, materias primas, etc.), particularmente agresivo con el medio ambiente y los pueblos originarios. Esta “izquierda marrón”, como la ha denominado Eduardo Gudynas, construye su estrategia de desarrollo y legitimidad a través de una apropiación brutal de los recursos naturales, su exportación en los mercados globales, con la redistribución in fine de parte de las riquezas mediante un Estado fuerte. Sin embargo, esta visión que, al fin y al cabo se parece bastante a la construcción histórica de nuestros Estados de Bienestar en el Norte, no se sostiene a largo plazo y aún menos de cara a la crisis climática y energética actual. Por experiencia y desde una perspectiva de justicia ambiental, no supone diferencia apreciable quién posea los medios de producción, si al mismo tiempo el proceso de producción en sí —ya sea público, privado o mixto— se fundamenta en suprimir las bases de su propia existencia. Como lo demuestra el pulso entre la izquierda progresista y extractivista en el poder institucional con los movimientos ecologistas, sociales e indígenas que reclaman otro modelo de desarrollo desde abajo y respetuoso de la Pacha Mama, constatamos que soberanía (estatal) y buen vivir (de las comunidades) no son por esencia sinónimos”.

A pesar de todo, para muchos le resulta más peligroso las amenazas judiciales por parte de Repsol o los cortes de ruta provocadas por los sindicatos a los camiones de combustible.

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