El recontra-espionaje comechingón en la Dictadura

El productor televisivo Jorge Zapata escribió la siguiente columna, con nombre y apellido, de los que estuvieron a cargo del espionaje cordobés realizado durante la época más oscura de la historia reciente. La participación de la Universidad y de La Voz del Interior.

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El 24 de marzo de 1976 signó el inicio del período más oscuro y trágico de nuestra historia: la instauración del Estado Terrorista.

En su editorial del 12 de abril de 1976, La Voz del Interior propone sumar integrantes de partidos políticos a la flamante Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL) de Córdoba.

La CAL redactaba los proyectos de ley que el gobernador militar “sancionaba” a sola firma.

La Voz del Interior intentaba dar un barniz “democrático” al terrorismo de Estado.

En La CAL actuaron: José Ignacio Bas como Presidente y Guillermo Freytes como secretario. Los vocales fueron Eduardo Marfort, Benigno Ildarraz, Arístides Ruibal, Carlos Jorge Rocca y Marta Spinolo de Etchegoin.

En junio de 1976, entraron Jorge Eduardo Martinoli, Gustavo Ascensio Viramonte Otero, Efraín Hugo Richard y Guillermo Tristán Luque de Loredo.

En octubre de 1976, la Universidad Nacional de Córdoba publica un folleto que afirma: “La Universidad debe impedir la penetración y excluir la acción de aquellas ideologías que la niegan y atentan contra el bien común de la Nación”.

El folleto lleva la firma de los docentes seleccionados para escribirlo: Dr. Guillermo Becerra Ferrer, Ing. Nicolás A. Bello, Dr. Héctor Bertorello, Abog. Alberto Boixadós, Dr. Héctor E. Buteler Riu, Dr. José Ignacio Cafferata, Dr. Héctor Cámara, Dr. Alberto Caturelli, Dr. Alfredo Cocucci, Ing. Pedro Luis Checchi, Dr. Gaspar Pío del Corro, Dr. Humberto Dionisi, Ing. Dionisio Duidio Farías, Dr. Pedro J. Frías, Dr. Narciso Hernández, Dr. Mario A. Hunicken, Ing. Raúl A. Magallanes, Dr. Manuel F. Martínez Paz, Dr. Alfredo C. Rossetti, Abog. Gustavo A. Sarría, Dr. Alberto Urrets Zavalía; con la colaboración de los doctores Carlos A. Morra y Mario C. Pirinoli.

La sugerencia tuvo éxito. La Facultad de Filosofía y Humanidades tenía 407 docentes en 1975; quedaban 240 en 1976.

José Luis Santi ingresó al Poder Judicial cordobés en 1975 hasta acceder al cargo de Asesor Letrado ganando alrededor de 17 mil pesos mensuales.

Pero Santi, émulo del super Agente 86, era espía de la Dictadura con el seudónimo de Julio Soto. Sí, como aquel famoso actor de Hombre mirando el Sudeste de la película de Subiela.

Pasaba datos a los militares que servían para que miles de argentinos engrosaran los Centros Clandestinos de Detención.

En los autos Ford Falcon iban los secuestradores y las patotas; en las oficinas quedaban los agentes que les habían proporcionado información básica (el resto se arrancaba en la mesa de torturas).

La fiscal Federal Graciela López de Filoñuk, pidió el “archivo” de la causa que involucró al asesor letrado de la Justicia provincial José Luis Santi, como Personal Civil de Inteligencia del Ejército durante la dictadura militar.

“No hay un reproche penal” por la actividad que desarrolló, declaró la fiscal federal. “La actividad de agente de inteligencia es lícita dentro de las Fuerzas Armadas y de seguridad”; y Santi, según las constancias, no cometió delito desde ese cargo, que ocupó entre 1981 y 1983.

El Tribunal Superior de Justicia y la Fiscalía General, coincidieron en que Santi tuvo “mala conducta” al no declarar su paso por el Batallón de Inteligencia 141, cuando juró como asesor letrado de nuestros tribunales.

El caso de Santi, tiene un extraño privilegio: es el primero en que se acusa a un alto magistrado judicial en funciones de haber sido un espía conchabado por la dictadura más terrorista de la historia.

En el periodismo hubo un caso serio: el de Carlos Revello, ex director periodístico del noticiero de Canal 12 que era espía al servicio del Tercer Cuerpo, es decir Menéndez.

Esto se reveló cuando le pincharon los teléfonos a la jueza Garzón de Lazcano.

Revello y otros espías civiles, remitían información a la Central de Reunión de Información del Tercer Cuerpo desde locutorios ubicados en las ciudades de Villa Carlos Paz, Río Cuarto y Córdoba.

Con el seudónimo “S-17”, el espía Revello era un periodista que trabajaba como asesor de prensa del Colegio de Escribanos de Córdoba. Pero que en los últimos años transitó en cargos importantes de medios locales como el diario La Voz del Interior, la agencia Diarios y Noticias y la gerencia de noticias del Canal 12 de Córdoba.

En el fracasado proyecto televisivo de cable Video Voz, ya en Democracia, fue Director en representación de La Voz del Interior y con referentes civiles vinculados a la dictadura como Alejandro Blaess y José Luis Palazzo.

“S-17” era el agente que, según los elementos de prueba con que cuenta el juzgado, espiaba el accionar de varios periodistas de medios locales.

Revello, S-17, rechazó los cargos de espionaje. Dijo que nada de lo que hizo es ilegal, pero no negó que sea personal de Inteligencia del Ejército.

Fue condenado por la Justicia mediante un fallo de la Jueza Federal Cristina Garzón de Lazcano a un mes y 15 días de arresto por el delito de abuso de autoridad y el doble de tiempo de inhabilitación funcional para el ejercicio de actividades públicas

Créase o no, el espía Revello había escrito un apunte universitario sobre “Ética de la Información”, para la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba.

Carlos Revello hizo abuso del privilegio que le permitía su profesión de acceder a la información, desvirtuando el rol de comunicador social para convertirlo en el de delator social.

Fuente: Facebook del programa televisivo El Avispero.

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Un comentario en “El recontra-espionaje comechingón en la Dictadura

  1. Bibiana del Corro dijo:

    Descargo a la editorial: les faltó averiguar sobre la veracidad de ese panfleto supuestamente firmado por un grupo de docentes de la FFyH-UNC, que el Prof. Gaspar Pío del Corro denunció como “apócrifo” en lo que respecta a su participación en él. Para tener en cuenta: 1.es sabido que los militares ponían nombres donde querían; 2. si leyeran los textos publicados antes, durante y después por del Corro, sabrían que no comulgaba con las ideas ni con las atrocidades de los militares; 3. Si investigaran sobre su actividad por aquellos años, sabrían de su accionar permanente en defensa de la vida de los perseguidos (yo fui testigo, el personal de su cátedra, colegas y alumnos, también).

    Para ayudarlos a revisar la historia: Aparecer en un panfleto es como aparecer en una lista negra… q un nombre figure allí no necesariamente implica participación voluntaria y mucho menos comunión ideológica; los milicos lo pusieron porque su nombre era representativo para los estudiantes, lo tomaron como ´cita de autoridad´… y ustedes le dan la misma importancia… ustedes están creyéndose y haciendo creer a sus lectores -en el 2015- como los milicos pretendieron que creyera la juventud en el 1976/82…

    Sres de la editorial, en lo que respecta a GP del Corro, los milicos los están usando/manipulando 30 años después… ustedes están atacando a quien deberían defender y reconocer como agente de una resistencia silenciosa que actuaba en favor de la vida de docentes y alumnos perseguidos, agente que (junto a otros) permitieron la pervivencia de la libertad de pensamiento a pesar de los milicos.

    Atte. Bibiana del Corro – Lic en Letras Modernas UNC – hija de GP del Corro

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