El presionador marketinero y el arco iris de la ECI

Dibujo

Por Lea Ross (@LeandroRoss)

La denominada “presión ideológica” es una acción que sólo podría ejercerse de parte de un monstruo tan grande como es el Estado. O mejor dicho, desde un Gobierno que subordina al Estado. Así lo proclama el Gran García Díaz, a partir de sus propias fuentes no chequeadas. Esto es en relación al artículo del diario Clarín, titulado Presión ideológica a estudiantes de periodismo, en donde los ingresantes de la Escuela de Ciencias de la Información de la UNC habrían sido obligados a ver 6-7-8. Y García Díaz es la principal fuente.

Si fuera cierto, pobre Juan Miceli, ni los docentes de Córdoba lo dejarían tranquilo. Pero volvamos a lo que nos compete.

No vamos a caer en la pregunta obvia si García Díaz fue alguna vez a una clase de la ECI. Es como decir que vos no podes opinar sobre el conflicto de Medio Oriente si no fuiste nunca a Gaza o a Tel Aviv. De hecho, de pedo debe saber García Díaz donde queda la Ciudad Universitaria.

Pero sí se puede atender algunos puntos que convengan por un costado, la posición que decide pararse el Sebas. Y por el otro costado, cómo son las cosas en la escuelita. El mensajero y el mensaje.

Sebastián García Díaz se auto-proclama políticamente de “centro”, o sea ni de izquierda ni de derecha, ni defensor, ni atacante, ni arquero. Sin embargo, esta figura de la política, que realizó estudios en el estado de Texas, que propone la creación de una “fuerza de elite” en los barrios cordobeses para combatir el narcotráfico, cuya filosofía prima la “libertad indivudal” por encima de la “libertad colectiva”, que utiliza consultoras norteamericanas para conocer los niveles de corrupción en los países latinoamericanos (cuyos resultados hacen suponer que no incluye la corrupción que ejercen las corporaciones financieras de Estados Unidos), deja mucho que desear, tratándose de alguien que tiene un posicionamiento cómodo. Y más aún cuando integra una plataforma de personalidades, denomina Esperanza Federal de Estudios Civilita, donde proponen como modelo educativo la aplicación del arancel y del cupo en los ingresos de las universitarias.

Y lo más contundente se radica en que, mientras García Díaz denuncia una “presión ideológica”, él formó parte de una “presión mercantil”, de la mano del Grupo Oxford cuando lo lideraba. Él se hizo cargo de apoyar de manera publicitaria a la instalación de Monsanto, una de las empresas más corruptas y contaminantes del planeta, en la localidad de Malvinas Argentinas. Mediante el asesoramiento de Oxford, cuando era el presidente, García Dïaz se encargó de enviar a periodistas de distintas provincias para la presentación de la nueva semilla de Monsanto en Buenos Aires. En ese mismo día de la ceremonia, se dictaba la sentencia del juicio por fumigaciones en barrio Ituzaingó Anexo. También se encargó de invitar a periodistas cordobeses de visitar la planta procesadora de Monsanto en Rojas, provincia de Buenos Aires.

Es decir, García Díaz forjó en Córdoba toda una presión de marketing para contrarrestar la movilizaciones, las marchas, las convocatorias y las actividades culturales que se vienen realizando en contra de la entrada a la multinacional, hoy frenada por la Justicia.

Y quien les habla es un estudiante de la ECI, con un posicionamiento crítico a la actual gestión de la escuelita. Que lo único positivo que le reconoce a esa gestión es eso que García Díaz lo niega: en la exposición de distintas miradas políticas. El cronista que les escribe presenció y entrevistó a figuras que participaron de charlas organizadas por la propia escuela y que están lejos de coincidir con el kirchnerismo. Me refiero a la talla de Pablo Sirven, periodista del diario La Nación (invitado en el año 2010), y Norma Morandini (en el 2012), senadora por el FAP, donde expusieron sus críticas a los contenidos de los medios públicos y de la Ley de Medios: “De todos modos, creo que el proceso de la Ley de Medios es interesante. Que estemos debatiendo esto en el marco de una universidad a mi me parece un avance enorme”, le había señalado la senadora Morandini, y licenciada de la misma escuelita, al presente cronista.

Sin embargo, la ECI tiene sus cuestiones para completar su apreciable arco iris:

– Problemas sobre la infraestructura y de seguridad, en donde los estudiantes vienen hace rato denunciado el estado de las aulas y los peligros que acechan (hace dos semanas un obrero se electrocutó en uno de los techos);

– Es una de las carreras con mayor precarización laboral: al final de 2012, ATE denunció el despido de una empleada no-docente por “decisión arbitraria, teñida de fraude laboral”, y a la vez la desprotección a los docentes pone en riesgo la permanencia de las cátedras;

– La des-protección y el descuido institucional a los medios estudiantiles de la escuela, que son la Radio Revés y el programa televisivo Universidad Abierta;

– Y la des-actualización de los planes de estudio, donde muchas cátedras poseen una mirada liberal y con poco contenido para los destinados al apoyo de organizaciones sociales. De hecho, el artículo de Clarín habla de “futuros periodistas”, pero la orientación profesional más elegida por los estudiantes es la de “Comunicación Institucional”, que en general destina al aprendizaje sobre herramientas destinadas a fortalecer los vínculos de los mal llamados recursos humanos, y así asegurar un mejor viraje a las empresas dentro del mercado. En otros términos, conforma paladines del status-quo.

Temas que no le preocuparían ni a Clarín, ni al presionador marketinero.

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