Esquerda ou direita?

Foto Gentileza: EFE.

Foto Gentileza: EFE.

Por Lea Ross (@LeandroRoss).

¿Cómo se podría leer la movida mais grande do mundo? ¿Una revuelta feroz dispuesta a cambiar un régimen como ocurre en Turquía? ¿Un piquete teflonero, impulsada por los medios más hegemónicos, con discursos reaccionarios como el 8N? ¿O una concentración pacífica condenada a su extinción, como lo fueron los indignados de España?

Brasil acarrea la condena de convertirse en potencia mundial, desde la teoría del BRIC. La vanidad de la misma quizás sea demasiado para el país.

Hoy, se sabe, que la gota que rebalsó el vaso fue por el incremento de la tarifa del transporte, servicio privatizado, a 20 centavos más. Hoy, el proyecto se frustró en distintos estados. Pero esa gota se esparce por todos lados. Del incremento de la tarifa de transporte, nos lleva al negociado de los eventos deportivos. Las movilizaciones juveniles, con nula experiencia en la participación política, están intactas. Por ahora.

Veamos: gracias a las políticas de Lula da Silva, los famosos 40 millones de habitantes que estaban por debajo de la línea de pobreza no sólo lograron un salto a la clase media, sino también a la clase de consumo. Precisamente, estos nuevos actores sociales apuntaron sus preocupaciones más a los servicios presentes en sus alrededores que de las cuestiones más profundas de la distribución de las riquezas. Con el servicio de colectivos, se vuelve intolerante. Más aún con el despilfarro olímpico y mundialístico.

Según Datafolha, perteneciente al grupo de multimedios Folha: el principal reclamo de las protestas es en contra del aumento del transporte (67%), seguido de la corrupción (38%) y de los políticos en general (35%), por un mejor transporte (27%), más seguridad (20%), contra la violencia policial (18%) y por la tarifa gratuita (14%).

A su vez, IBOPE obtuvo sus propios resultados: por un mejor transporte público (77%), contra los políticos (47%), contra la corrupción (32%), por mejor salud y educación (31%), contra la inflación (18%), mejores servicios públicos (15%), más seguridad (15%), contra la Copa en Brasil (11%), contra los límites al Ministerio Público (6%) y contra la violencia policial (3%). Los datos fueron difundidos por el periodista Josías de Souza, desde su blog.

Habrá que ver cómo cambia el panorama de las consignas, luego de que los poderes locales dieron su pulgar abajo al impuestazo, dos días después de difundirse los resultados de Datafolha. Ahora bien, esta misma empresa de consultoras, realizó una interesante composición de los manifestantes en materia ideológica y política. El 60% de los mismos asegura tener una mirada liberal, en contraposición con la tendencia conservadora, que conforma el 20%. A su vez, un 36% de los que salen a la calle se consideran políticamente de izquierda, mientras que los derechistas son un 21%. Un 31% se declara de centro.

Es decir, no sólo hay una batalla callejera entre los manifestantes y el propio Estado y la policía. A su vez, es una masa que conforma un campo de batalla simbólico. Desde una perspectiva extremista, están entre los más reaccionarios-golpistas que optan por el “se vayan todos” y los revolucionarios-anarkos que proclaman el cambio social.

Es indudable que la proclama “honestista” de enfrentarse a la corrupción es un resabio del neoliberalismo que lleva al reemplazo del debate político a los detectores de mentiras, que serían los medios. Esto quedó bastante claro en los cacerolazos argentinos del año pasado, cuya lista de pedidos era la misma que la agenda de los medios opositores al gobierno kirchnerista. Esto acarreó una irrefrenable actitud reaccionaria, tanto en lo discursivo como en la agresión a los periodistas de Buenos Aires. También reflejada en un completo escepticismo en cuanto a la noción de lo político.

Sin embargo, retomando la movida mais grande en Brasil, las organizaciones sociales han estado atentos a esto. Hace un par de décadas que Brasil no vivía este momento. Es por eso que una treintena de movimientos sociales redactaron un comunicado dirigido a la presidenta Dilma Rousseff, firmado entre otros por el Movimiento de los Sin Tierra (MST). En la carta, aseguran que ciertos aliados que posee el Partido de los Trabajadores (PT) imposibilita “reformas estructurales” necesarias para acabar con la desigualdad social, trayendo como consecuencia los servicios deficitarios, como el transporte, y la inflación a dos dígitos. Además de que la crisis internacional ha frenado el crecimiento económico.

“Los sectores conservadores de la sociedad tratan de disputar el significado de estas manifestaciones. Los medios de comunicación tratan de caracterizar el movimiento como anti-Dilma, contra la corrupción de los políticos por el derroche de dinero público y de otras pautas que empujarían a la restitución del neoliberalismo”, remarca el comunicado. “Sin embargo, es un grito de indignación de un pueblo históricamente excluido de la vida política nacional y acostumbrado a ver la política como algo perjudicial para la sociedad”.

“Por nuestra parte, estamos abiertos al diálogo, y creemos que esta reunión es la única manera de encontrar soluciones para hacer frente a la grave crisis que afecta a nuestras grandes ciudades urbanas. El momento es favorable. Son las manifestaciones más grandes que la actual generación está viviendo y que otras mayores traerá. Esperamos que el actual gobierno decida gobernar con el pueblo y no en su contra”, finaliza el comunicado también firmado por la Asociación de Trabajadores Asalariados Rurales, el Consejo Indigenista de Misioneros, la Federación de Agricultores Familiares, etc.

De hecho, ya hay organizaciones sociales que están atentos a las consecuencias sociales que acarrearían los eventos del Mundial de Fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos 2016, con sede en Rio de Janeiro.

Hay que tener presente que durante la construcción y remodelación de los espacios donde se realizaran las competencias deportivas, jan obligado a realizar algún que otro empuje a las poblaciones, tipo el elefante hacia las hormigas. Según un trabajo extenso realizado por el Comite Popular de la Copa y las Olimpiadas de Rio de Janeiro, denominado “Mega-eventos y violaciones a los Derechos Humanos”, con fecha de mayo de este año, se ha constatado la existencia de 2.434 familias desalojadas y 5.916 que fueron amenazadas para abandonar sus hogares en la ciudad de Rio. Todo bajo el afán de los emprendimientos deportivos. Ahora bien, en cuanto a los casos de desalojos y amenazas provocadas por otros motivos que no sean ni de la Copa ni de las Olimpiadas, los números equivaldrían a la cuarta parte de lo que sí provocan los eventos mundiales (665 y 1.927 respectivamente).

Además, según el investigador Raúl Zibechi, a partir de datos que obtuvo y difundidos por el colectivo lavaca.org, el evento futbolístico “implicará gastos de 1.200 millones de dólares en seguridad. Se contratarán 53.000 nuevos guardias de seguridad que serán los encargados de privatizar amplios espacios que dejarán de estar controlados por el país anfitrión. Cada estadio tendrá un radio de dos kilómetros en los cuales la FIFA tendrá los derechos exclusivos, o sea todo ese espacio será privatizado para la multinacional de fútbol. Los agentes de seguridad serán contratados por la FIFA, pero todos los gastos serán pagados por el Estado de Brasil”. Según la especulación del informe del Comité Popular de Rio, “durante un evento menor, como los Juegos Militares Mundiales de 2011, Rio de Janeiro utilizó 10.000 efectivos de policía. En efecto, hay una industria global de seguridad basada para los grandes eventos con implicancias geopolíticas. Si proyectamos esos números para las olimpiadas en Rio, podemos anticipar una completa militarización de la ciudad en 2016 ”.

También hay que tener presente que, como dice el comunicado dirigido a Dilma, se hace aparentar que el Mal queda resguardado bajo el cuerpo de la presidenta. Ese sería el planteamiento del sector más conservador de las movilizaciones, que el robo sólo pase por el Estado. En general, los movimientos siempre apuntalan también al accionar de la pata empresarial a la hora de buscar responsabilidades, a diferencia de la borrachera teflonera que sólo apuntala a los gobiernos de turno. No es menor valorizar una acotación que hace el geólogo Licio Monteiro, de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, en el cual recuerda que Joseph Blatter, actual presidente de la FIFA (organizador del Mundial de Fútbol) “había declarado estar feliz cuando Argentina ganó la Copa de 1978 porque la dictadura argentina recuperó su prestigio popular”.

El rumbo que llevará esta movilización brasilera dependerá de quién agarre el fútbol, si los medios de comunicación y los partidos opositores o los movimientos sociales y las organizaciones territoriales. Como una cancha concentrada al mejor estilo post-estructuralista.

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