Una guerra de cuarta

EVO

Por Mariano Saravia (@MarianoSaravia7).

La guerra de cuarta generación es la guerra de la información. Y el incidente con el avión presidencial de Evo Morales es parte de esta nueva etapa en la que entró la humanidad. Esta nueva etapa empezó en 2001 cuando Estados Unidos sancionó la Patriot Act, una ley que limitaba las libertades en “el reino de la libertad”. Hoy, Barack Obama lo dice abiertamente: “El propio presidente Barack Obama lo acaba de admitir: ‘No se puede tener un 100 por ciento de seguridad y un 100 por ciento de privacidad’. Bienvenidos pues a la era del Gran Hermano…” (Ignacio Ramonet, http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial%2F0000856412872168186811102294251000%2Feditorial%2F%3Farticulo%3D3c96f3fa-45de-4cb1-a3d5-3a3d2e54720c).

El episodio del avión fue para humillar a Bolivia. Pero la que finalmente salió más humillada fue Francia. Y también Portugal, España e Italia. Estos países europeos impidieron el sobrevuelo del avión sobre su espacio aéreo, y todo por orden de su amo: Estados Unidos. La excusa: motivos técnicos. La verdad, se dejaron llevar por la desesperación de un imperio en decadencia, ante el rumor de que el ex topo de la CIA, Edward Snowden, estuviera en el avión.

Ahora bien, en esta película de espionaje en la que estamos metidos y en la cual ya no distinguimos qué es realidad y qué es ficción, ¿alguien puede pensar seriamente que los servicios secretos yanquis creían que en el avión de Evo venía Snowden? Obviamente que no. ¿Entonces, por qué este ataque tan burdo no sólo a Bolivia, sino a Sudamérica? Simplemente porque se trata de una amenaza. El mensaje claro es: “Ni se les ocurra dar asilo político a Snowden”.

Finalmente, y luego de momentos de tensión por la falta de combustible del avión, Austria actuó con más decoro y permitió el aterrizaje en Viena. Pero el colmo de los colmos fue la actuación lamentable del embajador español en Austria, Alberto Carnero, quien le pidió a Evo si podía ir a “tomar un café con él arriba del avión”. Por supuesto que el presidente boliviano negó terminantemente esa posibilidad. “No soy un delincuente para que me estén revisando el avión”, dijo. En realidad, actuando como cadete del Imperio, el diplomático español quería pispiar a ver si lo veía a Snowden a bordo.

Luego del incidente, finalmente llegó Evo a su tierra y ayer la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) volvió a demostrar que no es un sello de goma, sino la experiencia de integración más seria de nuestros 200 años de vida. Varios presidentes y cancilleres se reunieron de urgencia en Cochabamba y dieron una respuesta contundente a la agresión. Fue como decir: “Hoy, todos somos Bolivia”. O mejor dicho, somos una Nación, una gran Nación, como lo dijo claramente la presidenta argentina.

Más allá de la bronca que generó el episodio, por comprobar que el neocolonialismo sigue intacto, el resultado es un signo de los tiempos y grafica que vivimos un cambio de época. Porque hace 10 o 15 años, los que tenían estas actitudes serviles para con los Estados Unidos eran nuestros gobernantes (Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Menem, Fernando De la Rúa, Fernando Henrique Cardoso, Fernando Collor de Melo, Alberto Lacalle, y un largo etcétera). Hoy, son los François Hollande, los Mariano Rajoy, los Pedro Passos Coelho, los Enrico Letta. En cambio, nuestros gobernantes se plantan frente a los atropellos. Es más, estos atropellos se explican justamente porque nuestros gobernantes se han plantado, porque están haciendo valer nuestra soberanía y porque a los decrépitos imperios les preocupa este cambio de época.

Y dentro de este cambio de época se inscribe el trasfondo de la cuestión: el caso Snowden. Estados Unidos está desesperado, quiere cazar al topo sea como sea, para que no siga destapando ollas. Los imperios, cuando entran en su etapa de decadencia, se vuelven más peligrosos y descontrolados. Pasó con el Imperio Romano, con el Imperio Español, con el Imperio Otomano, con el Imperio Británico y con el Francés. Hoy, el Imperio estadounidense está sintiendo en carne propia el ocaso. Vivimos en un mundo mucho más multipolar, y es indefectible que en unos años, Estados Unidos sea superado como potencia principal. Por eso reacciona violentamente con aventuras bélicas por doquier o con la actitud de una verdadera dictadura mundial espiando a propios y extraños. La información es poder. Pero a partir de Snowden se invirtió la ecuación, y todos empezaron a tener información de cómo el Imperio hace para obtener información de los demás. Empezamos a conocer que este nuevo Gran Hermano (Estados Unidos) sabe todo de nosotros a través de la telefónica Verizon, o de las empresas de Internet Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Apple. Y tiene mucha más información para dar. Por eso, cuando Vladimir Putin le propone un asilo político a cambio de que se calle la boca, Snowden no acepta. Es porque quiere seguir hablando. Y en buena hora que sigan habando los Snowden y los Julian Assange. Por ahora es como pelear con un palillo contra un arsenal, pero la información que estos cibermilitantes desclasifican y comparten con la Humanidad, le duele en lo más profundo al Imperio decadente.

Por eso, ante el episodio del avión de Evo, la mejor y más contundente respuesta de Unasur sería tomar la decisión conjunta de dar asilo político a Snowden en el país que él elija. Después, cómo hace el topo para salir del aeropuerto de Moscú y llegar a una embajada o al auto de una embajada, será motivo de un nuevo capítulo de esta novela. Lo que está claro con este caso es que la realidad siempre supera a la ficción.

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