Córdoba, la otra fundación

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Por Emanuel Mato.

El 6 de julio de 1573, Jerónimo Luis de Cabrera, fundó Córdoba de la Nueva Andalucía, “la docta”. Un hecho histórico que tendría un desenlace terrible para las culturas originarias de la provincia de Córdoba y comenzaría un proceso de racismo, xenofobia y segregación social que continúa hasta nuestros días.

El gobernador Don Jerónimo Luis de Cabrera (1520- 1574) fue un conquistador español con una alta formación militar. Su participación en el proceso de invasión de Abya Yala (hoy América) fue consecuente con el genocidio de millones de hermanos y hermanas. 

En la misma acta de fundación de Córdoba, los conquistadores encabezados por el gobernador hacen una primera referencia de convertir a los comechingones a la “Santa Fe Católica”: “le encomienda la fundación de esta nueva Ciudad y la pacificación de los naturales de estas Provincias para que su Divina Magestad los traiga a verdaderos conocimiento de nuestra Santa Fe Católica y en ella se les predique el Sagrado Evangelio”.

En octubre de 1573, el gobernador le encarga al capitán Hernán Mejía Miraba conquistar y someter a los pueblos del valle de Punilla y Salsacate, y empadronarlos para el repartimiento. A su vez, el capitán tiene la misión de localizar minas de oro, plata y otros metales para su posterior explotación.

De esta manera, los comechingones, no estuvieron exentos al proceso de encomienda y reducción que tuvieron como eje la desarticulación de los pueblos, el despojamiento y la usurpación de sus territorios. En ese tiempo, las prácticas atroces de los conquistadores se profundizan y la organización de la mayoría de los pueblos originarios de Córdoba desaparece. Los comechingones se encontraron en la obligación de pagarle en especies o servicios, en señal de vasallaje, un tributo anual a un rey que jamás conocieron.

Los conquistadores por su parte utilizaron diferentes estrategias para apoderarse de los territorios y la vida de los indígenas. En primer lugar, los españoles argumentaban que los indios eran “pobres”, “ignorantes”, “despojados de inteligencia”, por lo tanto no podían pagar los tributos al encomendero. Entonces, el encomendero sometía a los indígenas al servicio personal en su estancia durante todo el año bajo condiciones laborales de esclavitud.

Otra de las formas practicadas por parte de los conquistadores era asegurarse de vaciar de poblados esos territorios, es decir dejarlos “vacantes” y pedirlas en merced al gobernador. Para esto se presentaban casos como que los indios habían muerto o huido. De hecho sucedía que los encomenderos dejaban morir de hambre a los indígenas o atacaban sus chacras para que de esta manera huyeran al monte.

Finalmente, desde mediados del siglo XVII, los apellidos de los indígenas fueron borrados y cambiados por apellidos españoles.
Las evidencias de todas estas prácticas atroces de un genocidio que sucedió en el actual territorio de la provincia de Córdoba se encuentran en las crónicas de los conquistadores, investigaciones y en los archivos de litigios entre encomenderos. Por otra parte, en la memoria latente de descendientes y comunidades comechingones que luego de más de 500 años han vuelto a reorganizarse, discutir lo sucedido y recuperar la forma de vida originaria como así también luchar por la devolución de sus territorios.

Bibliografía: Herrera, María Mercedes; Blanco Pool, Federico; Paz, Javier Lucio. “Así somos nosotros, los comechingones”. Edición de los autores. 2010. Córdoba, Argentina.

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