El Código de Faltas ataca de nuevo

Los integrantes cordobeses de la revista La Garganta Poderosa denunciaron, una vez más, las represalias de la polémica ley provincial. Aquí su comunicado, publicado el miércoles pasado.

DSC03680Anoche, en Córdoba, volvieron a detener a Pocho, acusado con evidencias de haber nacido morocho. Y estamos escribiendo estas líneas esperando que lo dejen volver, porque sinceramente ya no sabemos que hacer. Creamos una revista mensual, gritamos en los medios cada uno de apremios y buscamos un hábeas corpus como respuesta legal, pero nuestro amigo ahora está preso, por “ofensa a la moral”. Sin haber delinquido jamás, sólo remando desde abajo, acaba de perder su segundo trabajo, no por perezoso, sino por estar encerrado en un calabozo. Y sí, debe ser difícil creerlo si no lo ves, sobre todo si no conocés el Código de Faltas cordobés, pero mucho más difícil es explicarles cómo se siente cumplir condenas siendo inocente. Y que encima la ley te obligue a vivirlo con naturalidad, porque De la Sota limpia de negros a la ciudad, sin pagar ningún costo político por la operación: los intercepta en el camino y los manda a la prisión. Pero en Yapeyú no aguantamos más y entonces decidimos gritar, para que nos escuchen ustedes y todos los demás. Cualquier abogado, periodista o medio independiente, que quiera conocer los nombres, apellidos o direcciones de esta gente, se puede comunicar con nosotros, para investigar y difundir todos estos casos que alumbran el plan sistemático de racismo y discriminación, amparado por los grandes medios de comunicación. Desde la asamblea poderosa cordobesa, les agradeceremos la gentileza, porque aunque no puedan creer este calvario, todos estos pibes somos víctimas de un sólo barrio…

– A Gaby, la gorra lo echó de la Universidad de Córdoba, por vender una revista villera: “Que sea pública no significa que pueda entrar cualquiera”. 

– Con 13 años, Lucho rompió un récord: lo pararon tres veces en una misma jornada laboral, por tres figuras distintas del Código de Faltas provincial. 

– Para llevarse a un vecino de Miguel, la yuta cordobesa aplicó un método que garantiza la certeza y que siempre le sale re bien: “Testificá que lo viste o vas preso vos también”. 

– Dos oficiales entraron a lo de Maxi, le robaron un DVD y le pegaron ante sus hermanitas, con total impunidad: detenido, “por resistencia a la autoridad”. 

– Mirta tiene cinco hijos, pero sólo Ezequiel resulta detenido tan seguido, por esa costumbre de usar un gorrito. Y ese capricho de seguir siendo negrito. 

– Pedro volvía de limpiar un baldío, cuando un oficial lo detuvo, sin temor a que su intuición le falle: “Usted no puede caminar tan sucio por la calle”. 

– Cuando la cana cordobesa lo acusó de robar, Gonza se desmayó del susto, antes de ser esposado violentamente. Ahí no más, se lo llevaron inconsciente. 

– Con 6 (seis) y 9 (nueve) años, dos chiquitos de Yapeyú pasaron una noche en la comisaría, sin su palita y su rastrillo. ¿El delito? Andar con gomeras en el bolsillo. 

– Eso sí, en las comisarías de Córdoba, procuran que la pedagogía nunca se pierda: a Manu, los oficiales lo presentaron como “un drogadicto de mierda”. 

– A Lucho se lo llevaron por nada, pero con su pareja la gorra fue educada. “¡Volá o te encerramos también, pendeja culeada!”. 

– “Mire que a la mañana tiene que ir a trabajar”, le avisó Ramona al comisario, cuando vio que su hijo iba preso por oscuro. Salió tarde, y perdió el laburo. 

– Por tomar una cerveza en la esquina de su casa, Rulo cobró y fue a parar a la comisaría: tiene 15 años y una silla de ruedas que lo acompaña cada día. 

– Como lo viven cagando a palos, Héctor se esconde a diario en un baldío, desde donde espía que los canas se hayan ido a otro lugar, para poder volver a su hogar. 

– A Lauti, de 15 años, un policía lo desnudó en la calle y lo llevó a la comisaría, durante una hora libre escolar, acompañado por una directora que no paraba de gritar. 

– Para robar en Córdoba, la Policía no necesita armas, ni exponer ningún exceso. A Pepe, le dijeron: “Danos el celular, o vas preso”.

– En este un mes, Pochito perdió su segundo empleo, en ambos caso por haber faltado y estar en la cárcel, acusado de “merodeo”.

– Sin orden judicial, ni nada parecido, a Santi le apuntaron con una escopeta en la puerta de su casa y se lo llevaron al lugar donde podían darle masa. 

– El mismo día que a Maxi le devolvieron la moto, porque no era robada, se la volvieron a incautar, sin siquiera un motivo inventado: tan sólo se habían encariñado. 

– Y en el cierre del absurdo, la detención de Agustín, que parece un nene de 6 años, pero arrastra unos antecedentes muy importantes: lo acusaron de ser “el líder de la banda de atorrantes”.

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