El juicio por abusos cometidos en la Casa del Niño

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Por Juan Pablo Ruiz (*).

Después de dos audiencias postergadas, finalmente hoy se inicio el juicio de los primeros casos que llevaron a la superficie lo que realmente sucedía en la Casa del Niño del Padre Aguilera.

Cabe mencionar que según lo reconocieron funcionarias de la SENAF son más de 20 las victimas de abusos sexuales en la institución mencionada; todos niños y niñas institucionalizados, que habían sido declarados judicialmente en situación de vulnerabilidad.

A medida que los Jueces de Menores institucionalizaban a los niños y niñas, la institución recibía cuantiosos fondos del gobierno provincial, de gobiernos municipales y de empresas privadas. Paralelamente eran hacinados en casas precarias, al cuidado de personas no capacitadas profesionalmente que trabajaban a cambio de comida y vestimenta, sin control de ningún tipo y a merced de malos tratos físicos y abusos sexuales.

Entre los testimonios que se dieron lugar en la audiencia me impactó significativamente el brindado por la psicóloga de una de las victimas. Ella relato que la niña en cuestión era considerada con “deficiencia mental” por la autoridades de la institución, pero que una vez que salió de la misma se incorporó normalmente a la escuela y mejoró su dicción. Según el testimonio mencionado y utilizando un raro mecanismo de defensa, la niña confeso que“se hacia la pava”, porque de esa manera la trataban mejor en ese lugar. Me cuesta imaginar el sufrimiento que esta niña pasó para optar de manera inconsciente por esa “solución”.

Entre las cosas narradas en la audiencia se contó que los hermanos eran separados, los padres biológicos solo podían ver a sus hijos el segundo domingo de cada mes provocando el consiguiente debilitamiento de los lazos familiares. 

Según narran los niños y niñas ni siquiera se les festejaba su cumpleaños; todo ante la ausencia de controles por parte de los Jueces de Menores que habían ordenado el alojamiento en dicha institución.

En ese marco de promiscuidad, de falta de controles y de pocos recursos materiales y humanos es donde acontecieron los abusos sexuales que hoy llegaron a un juicio, pero que solo son la punta de un iceberg que nuestra sociedad no quiere ver.

Entre las emociones que se amontonan en este juicio se hacen presentes la bronca y la pena. Da mucha bronca que ni el Defensor del Niño, ni el Defensor del Pueblo hayan colaborado con los niños y las familias victimas; y más bronca da que el gobierno provincial quiera “ordenar” la Casa del Niño para volver a poner en marcha el mecanismo perverso que componen Jueces de Menores, la institución y el mencionado gobierno provincial.

También da mucha pena que, con excepción de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos-Córdoba, ningún organismo de Derechos Humanos de Córdoba se haya acercado a las victimas ni a sus familias. Siendo además preocupante la ausencia de la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación o de la Universidad Nacional de Córdoba.

Lo único que queda claro es que aquellos niños que cuentan con contención afectiva se animan a hablar sobre la pesadilla que vivieron, y de allí es responsabilidad de los adultos hacer la denuncia para que los hechos sean investigados por las Fiscalías.

Para que eso suceda hay que sacar a los niños y niñas de la custodia de las personas que componen esa institución, porque nunca colaboraron con la investigación y jamás hicieron una denuncia.

No hay que perder de vista que la mayoría de estos niños y niñas provienen de hogares muy humildes, y que una vez que fueron institucionalizados carecen del afecto indispensable para poder desarrollarse en marcos de normalidad, y que sin apoyo y compromiso de quienes queremos una sociedad mejor no podrán salir de dicha situación.

Siempre anhelé que en nuestro país no haya niños y niñas en la calle o abandonados, pero al ver el entramado de intereses que hacen de la necesidad de los pequeños un negocio pienso que el anhelo se hace cada vez mas lejano. Ojala que este juicio y la solidaridad que despierte sean un comienzo para que esto cambie.

(*) Abogado y autor del libro El Salario no es Ganancia.

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